28 de marzo 2003 - 00:00

González Fraga, la sexta voz en el coro económico de Menem

Una sexta opción para el manejo de la Economía sumó ayer Carlos Menem si llega a ser presidente de la Nación. Esta vez fue el controvertido Javier González Fraga, que alguna vez fue asesor económico de Carlos Chacho Alvarez y titular del Banco Central durante el ministerio de Erman González. Lo convocó el empresario Francisco de Narváez en su oficina de Las Cañitas, donde también concurrió Menem. El floreo del riojano con tantos candidatos a dirigir la más complicada cartera -acentuada en postulantes para ocuparla a medida que aumentan los pronósticos de que triunfará- no lo ayuda frente al electorado medio y más ante el empinamiento de Ricardo López Murphy. Los sectores bajos y jubilados, en cambio, no se preocupan por esto y siguen siendo el baluarte del candidato de La Rioja.

Quienes se juraron no votar jamás a Carlos Menem, el grupo al que Eduardo Duhalde encomendó la tarea de que el riojano no llegue a la Presidencia, ya tienen una vanguardia en el cambio de actitud. El empresario Francisco de Narváez es como aquel Astor Piazzolla que se prometió abandonar el país si triunfaba Menem en 1989, pero que modificó su opinión una vez que lo vio gobernar y, sobre todo, que el ex presidente se le acercó para mimarlo. Sólo que De Narváez modificó su postura antes de los comicios, como ese sector de la opinión pública cuya migración registran las encuestas: pasan del «nunca lo votaría» al «no sabe/no contesta» y desde allí al «tal vez lo vote», dicho como un murmullo. El empresario, como un adelantado de esa corriente, recibió ayer nuevamente a Menem en la fundación «Unidos» de la calle Báez para continuar con la presentación de sus equipos de trabajo. Poca gente en la reunión, apenas los acompañantes permanentes del «Colorado», los Gustavos, Lopetegui y Ferrari y una curiosidad del dueño de casa: a pesar de ser experto financista, sólo se animó a comprar cuando la acción ya estaba alta.

Lo más novedoso del encuentro, al que el ex mandatario llegó acompañado por Alberto Kohan, fue que esta vez ya no se hablaría de seguridad o reforma política, sino de economía. Y que el vocero del grupo en esa materia fue Javier González Fraga. Inquietó al menemismo, ayer, la aproximación: González Fraga podría convertirse en la cabeza de un sexto equipo de economistas que se agrega a los que ya orbitan alrededor de Menem. El coro está formado por las voces de Pedro Pou (1), Carlos Melconian (2), Pablo Rojo, Diego Esteves, Francisco Susmel (3), Jorge Avila y otros profesores del CEMA (4) y el grupo que encabeza Rogelio Frigerio (nieto).

•Osadía

El candidato, en busca de un triunfo en primera vuelta, también se mueve hacia lo que le resulta adverso, como los votantes de esa clase media independiente que «jamás lo votaría», encabezados por De Narváez. Escuchar a González Fraga es más osado que tener en cuenta a Carlos Melconian, aunque sea parte del mismo movimiento intelectual hacia posiciones heterodoxas. Además de los compromisos que Menem puede tener con De Narváez -un hombre generoso con los candidatos a los que apuesta-, la comunicación con González Fraga es significativa desde el punto de vista político. Ex presidente del Banco Central en los '90, este economista se alejó del cargo cuando Domingo Cavallo reemplazó a Erman González para establecer la convertibilidad de la moneda. Desde entonces González Fraga se convirtió en un crítico tenaz del tipo de cambio fijo, como insistió ayer delante de Menem.

El ex presidente, como es sabido, rompió amarras con esa política cambiaria desde hace meses: ya no habla de dolarización, tampoco de convertibilidad y ofreció una señal definitiva cuando adelantó que «Alfonso Prat-Gay seguirá siendo el titular del Banco Central hasta 2004 y más allá de ese año también si él lo desea». El miércoles, frente a su grupo íntimo, se extendió más: «Es un joven muy talentoso, que dejó todo por jugarse aquí por el país, ¿cómo vamos a desaprovecharlo? Es más, hay que buscar qué reformas legales hay que hacer para fortalecer y ampliar la autonomía del Banco». Cualquier persona que siga con mediana atención la trayectoria de Prat-Gay advertirá que esta definición implica una política monetaria anclada más en objetivos de inflación que en niveles de emisión o en la cotización de las divisas, por supuesto flotante. La misma orientación fue la que expuso ayer González Fraga en la casona de «Las Cañitas». Fue a pedido de Menem, quien en la anterior visita al lugar pidió escuchar al dueño de «La Salamandra» (marca premium de dulce de leche). Candidato y economista siempre simpatizaron y quienes recuerdan la primera etapa del gobierno del riojano saben que González Fraga fue una especie de niño mimado, hasta que apareció Cavallo ocupándolo todo. En su despacho del Banco Central, el expositor de ayer solía razonar: «Menem lleva el capitalismo en la sangre, al menos de manera intuitiva. Es árabe y los árabes tienen clara la noción de precio y de mercado, que en definitiva son las bases del capitalismo».

Ayer se reavivó esa afinidad, aunque Menem debiera escuchar críticas amables a la experiencia de los '90: «Debemos tener instrumentos para convivir y reducir el impacto de los shocks externos que sufre toda economía emergente», dijo el economista en uno de los pasajes de su charla. Defendió, claro, el tipo de cambio flotante y también la cotización actual del dólar, «aunque en un tiempo va a bajar más; en la Argentina, por la dimensión de su economía, el dólar debe ser más caro que en Chile y más barato que en Brasil, una vez que bajen las aguas de la crisis». Fue delicado y pragmático con su antiguo jefe: «Cuando el país salía de la hiperinflación podíamos ir hacia un tipo de cambio fijo y convertible; pero ahora venimos de la hiperdepresión y no se justifica restaurar esa política, que se vuelve muy rígida». Sonreía Kohan por esta victoria secreta frente a los técnicos que cultiva Eduardo Bauzá, encabezados por Pablo Rojo, el agua y el aceite con lo que se escuchaba en lo de De Narváez.

La charla no podía obviar algunas materias que titilan en la agenda del próximo gobierno. «No se puede seguir sosteniendo el retraso tarifario de los servicios públicos porque bajará la inversión dramáticamente; por lo tanto, algo hay que reconocer», aconsejó González Fraga. Sobre la deuda, dijo: «Hay que negociar duro para que lo que se alcance sea susceptible de ser cumplido. Lo más importante en la relación con los acreedores es la estabilidad de las reglas de juego, no lo que uno pueda conseguir para un anuncio demagógico el primer día. Por eso lo peor que puede hacerse es mirar el tema desde el nivel de quita que se pretende conseguir porque sería una mirada miope». Fue optimista González Fraga con las posibilidades de la economía, sobre todo si se asienta un gobierno con capacidad de tránsito político. Todo un homenaje a Menem, quien considera que el nudo gordiano de la crisis nacional no está en cuestiones técnicas, sino en la vacancia de un liderazgo visible.

Agradeció el ex presidente y prometieron seguir hablando. De Narváez prometió una encuesta y el riojano salió de la casa con la sensación de haber ganado: González Fraga es la pieza que le gustaría conquistar a Eduardo Duhalde para apuntalar a su candidato Néstor Kirchner. Para el Presidente este economista ofrece características envidiables. Es un empresario PyME y, además, está ligado al productivismo de la Unión Industrial Argentina, donde encabeza un grupo de seguimiento sectorial de la economía que se articula con la Universidad Católica Argentina.

Cumplió Menem con De Narváez, quien tal vez se estabilice en esta candidatura para encarar las elecciones del 27 de abril (después de todo, su numen Ramón Puerta también recaló en lo del riojano y Kohan). Sumó una nueva visión de la economía, la sexta, al coro que lo rodea y que apadrinan sus distintos visires, Bauzá, Kohan, Jorge Castro y Juan Carlos Romero. Y dejó flotando una duda: estas excursiones de Menem hacia posturas que corrigen o amplían sus propensiones de los '90, ¿son giros tácticos, destinados a quedar bien con sectores o individuos y, en la medida de lo posible, a ganar votos en campo adversario? ¿O se trata de las primeras insinuaciones de un cambio más profundo, capaz de extenderse hacia la administración si se impone en las elecciones? Es una incógnita, que se ofrece también en la postura frente a la guerra contra Irak, donde también el cambio de actitud quiere verse como una mera maniobra proselitista y no como la aparición, todavía borrosa, de un tercer Menem, distinto del de las largas patillas pero también del que dominó los '90 con una adhesión irrefrenable al capitalismo y al alineamiento automático con Washington.

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