La cúpula reunificada de la CGT ya está pensando en rearmar su brazo político y pelear candidaturas dentro del PJ para la renovación parlamentaria del año que viene. Hugo Moyano y compañía son conscientes de que la división en el campo sindical los condenó en los últimos años a reducir casi a nada su participación en cargos tanto a nivel partidario cuanto en el Congreso de la Nación.
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En la actualidad, podría decirse -sin exagerar ni hacer un análisis exhaustivoque el grueso de los diputados que proviene del sindicalismo pertenece a organizaciones disidentes con la CGT y no del PJ: el socialista y aeronáutico Ariel Basteiro; el transversal crítico Claudio Lozano, economista de la CTA; o los aristas docentes Marta Maffei y Eduardo Macaluse.
O bien llegaron a la banca por cuestiones ajenas al gremialismo, por caso, el duhaldista Alfredo Atanasof, premiado por haber formado parte del gobierno de emergencia del bonaerense. El más veterano, Saúl Ubaldini, ni siquiera integra la conducción de la calle Azopardo.
Si se tiene en cuenta que los caciques cegetistas llegaron a ocupar una treintena de escaños en las primeras temporadas del advenimiento de la democracia (todavía se recuerda en el peronismo el paso de Lorenzo Pepe, Gerardo Martínez, Luis Martínez, José Luis Castillo, Mario Monteverde, Diego Ibáñez y Antonio Guerrero, entre otros), resulta lógico que ahora -entusiasmados con la reunificación-traten de capturar escaños en vísperas del recambio bianual.
Aunque no hay nombres en danza -si bien se descuenta la aspiración del hijo de Moyano, Pablo, y se baraja la posibilidad de habilitar las candidaturas a las segundas líneas-, sí está claro cuál es el pensamiento que impera entre los dómines gremiales: «Estamos podridos de trabajar para la clase política, poniendo las organizaciones en beneficio del PJ, mientras seguimos perdiendo espacio en partidos y cargos parlamentarios».
La primera reacción sindical se dio antes de la unidad, durante el fallido congreso del justicialismo en el predio porteño de Parque Norte. Allí se ubicaron en la jerarquía partidaria 6 hombres de la CGT, entre ellos, el taxista Omar Viviani (adlátere del líder de los camioneros) y el caudillo de los peones rurales Gerónimo «Momo» Benegas. Ahora, con el pacto entre «gordos» de las principales ramas, van a poner la mira en las boletas de 2005 y, obviamente, calentar motores para 2007.
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