23 de julio 2004 - 00:00

Hasta izquierda amiga le reclama a Kirchner

Hay mundos peores, pero los presidentes suelen decir que el suyo es insoportable. Néstor Kirchner, claro, no se evade de esa tradición y ahora padece hasta la amenaza o el desafío de sus seres más queridos. Por ejemplo, Víctor De Gennaro, jefe gremial y político de la CTA (que incluye una división de piqueteros), con quien se reunió la última semana. A pesar de la cálida amistad, el sindicalista dejó un ultimátum en el aire. Aumento salarial urgente para los empleados públicos (lo que significaría también para el sector privado) y definición, en setiembre a más tardar, sobre lo que hará el mandatario con su futuro político; ¿seguirá con Eduardo Duhalde, con ese peronismo, en la provincia de Buenos Aires o presidirá un núcleo propio, como siempre ha prometido, con otras fuerzas populares para las elecciones del año próximo? El reclamo supone que, de no aceptar esas condiciones, De Gennaro y su aparato se desviarán del gobierno hacia la oposición. Para Kirchner, eso es una intimidación, pero evita denunciarla porque no proviene de la derecha.

De Gennaro ha sido contemplativo con el deterioro remunerativo que cualquier otro sindicalista desde los tiempos de la devaluación. Es más permisivo que un «gordo», en la jerga de la actividad. Pero el promedio salarial del sector público es mayor que entre privados, con menor horario, más vacaciones, estabilidad asegurada por ley, etcétera. ¿Para esto apoyamos a Kirchner?, le reprochan en su sindicato a De Gennaro, y eso que allí él no facilita la disidencia. En el momento de pedir los empleados públicos no miran las ventajas que poseen, sino la debilidad o fuerza del gobierno de turno para satisfacerlos. Kirchner debe meditar que si sigue cediendo, ni el Fondo ni los bonistas lo soportarán.

Cualquier demora puede ser fatal para las aspiraciones reivindicativas de De Gennaro. Al menos, así lo piensa, ya que si se aprueba la Ley de Responsabilidad Fiscal se supone que congelaría los números del Estado comprometidos ante el Fondo Monetario Internacional e impediría cualquier aumento. De ahí que lo dicho en reserva hace una semana en la Rosada, por parte de De Gennaro a Kirchner, ahora toma otro vuelo y temperatura: ya es público que la CTA saldría a las calles para impedir ese bloqueo fiscal. Quien dude de estos criterios debería atender a los mensajes repetidos del diputado Claudio Lozano -numen económico del gremialista estatal-y a la, cada vez más indignada con el gobierno, sindicalista del aire Alicia Castro (aunque ella añade otras críticas).

• Protagonismo

Por hacer oficialismo, De Gennaro cree que se ha oscurecido. Tanto que, ahora, si el gobierno mudara y aumentase salarios en el Estado -ya que la última vez Kirchner cedió a peticiones de la CTA-, difícilmente el ex combativo gremialista podría llevarse el premio: el triunvirato de la CGT pasará por la boletería mediática porque ése ha sido su reclamo prioritario en la reunión, ya con unidad, que mantuvo con el Presidente. La aparición de este núcleo, por otra parte, lo aparta a De Gennaro de un protagonismo que nunca le disgustó: es que para afuera no consigue lo que corresponde y, para adentro, es un aliado menos sustancial que la central obrera.

El peor de los mundos también a la hora de las exigencias políticas: la unificada CGT lo quiere a Kirchner jefe del peronismo (y él tiene la precaución de mostrarse dócil en ese sentido) y cercano a Eduardo Duhalde en Buenos Aires. Nunca deseó eso De Gennaro, quien teme que su alianza con el primer mandatario -como ambos soñaron y acordaron alguna vez-no prospere en un movimiento propio transversal en la provincia, y que su agrupación se quede sin tutor, pues nadie puede imaginar a los presuntos «combativos» votando a los candidatos del aparato duhaldista. Naufraga, claro, la utopía de De Gennaro. A menos que Kirchner, como le ha planteado aquél, hacia setiembre se desentienda del justicialismo bonaerense, impulse el partido que en el teatro de arena dibuja Carlos Kunkel y al cual se le agregaría la masa (o masitas) electoral que le aportaría la efectiva burocracia de De Gennaro.

Hora de definiciones para Kirchner, quien no puede cerrar con los que quiere (De Gennaro), tal vez deba acordar con los que no quiere (Duhalde & Cía.) y tropieza en su casa con una controversia familiar: parece que la iniciativa de Cristina Fernández a la provincia (con carteles ya hechos por el Frente para la Victoria) no es la mejor propuesta política que le formularon a la primera dama, quien no entiende -con razón-cuál es la ventaja de representar en el mismo cargo a un distrito (Buenos Aires) o a otro (Santa Cruz). Mejor dicho: sabe cuáles son las ventajas para otras personas que a ella la imaginan simplemente como un medio de acceso al poder.

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