Cristina Fernández volvió, por unas horas, al llano institucional. Su cuñada, Alicia Kirchner, ocupó su lugar como senadora por Santa Cruz, pero ella todavía no asumió su banca por Buenos Aires. De ese modo, hasta que jure mañana, Cristina será apenas primera dama -como Inés Pertiné o su defenestrada Chiche Duhalde- o, como más le gusta autodefinirse, primera ciudadana.
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Un entuerto legal deja a la «senadora» sin banca por un rato: la demora del escrutinio en la provincia de Buenos Aires, frente a la cantidad de planteos y reclamos de los partidos, impidió que el 29 de noviembre asumiera, lo que también le ocurrió a su segundo, José Pampuro, y a Chiche.
Inoportuna, la breve estadía sin fueros (aunque hay una disputa constitucional respecto de cuándo se adquieren: unos sostienen que una vez electo; otros en la jura e, incluso, una tercera teoría dice que apenas se es candidato) porque hoy el Senado prevé tratar un asunto sensible para la primera dama. Se trataba de la reducción del Consejo de la Magistratura.
Recién el miércoles, Cristina recuperará su rango de senadora y volverá a quedar al frente de la Comisión de Asuntos Constitucionales donde, vueltas de la historia, estará obligada a compartir reuniones con Carlos Menem, designado para ocupar el lugar en ese cuerpo que dejó su hermano Eduardo.
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