20 de julio 2004 - 00:00

Humor que exasperó

Humor que exasperó
Cada vez que en Ambito Financiero hablamos del PAMI y del dirigente gastronómico Luis Barrionuevo -hoy impulsor abierto de Hugo Moyano en la CGT- sale un afiche contra mí como director -desde ya anónimo, tradicional bajeza- desde algún lado gremial, obvio. Apareció de nuevo ahora en paredes en las proximidades de la sede del diario. Es casi el mismo afiche de hace 3 años y, curiosamente, en represalia por la misma temática del negocio del PAMI. Qué casualidad, ¿no?. Como en aquella oportunidad, sólo digo dos cosas. Nunca nadie en esta profesión de prensa logró acallarme con intimidaciones. Segundo, me siento realmente bien de que para atacarme, porque no me fijo precio de compra, se inventen falsedades de mi vida privada porque no tengo ningún negociado con ningún gobierno u organismo, ninguna corrupción esgrimible, ninguna traición, ninguna agachada y menos complicidad con ningún Proceso militar. Aparte de atacar con la experiencia que conocen de su propia vida privada, el que ordenó el afiche para acobardarme, ¿puede, aunque más no sea cercanamente, esgrimir tal limpieza de procederes? No embromemos.

Julio Ramos


Nota: Se reproduce durante 7 días seguidos en ambitoweb.com, con entrada libre al site, la dura nota que acompañó a la humorada que exasperó tanto a sindicalistas. Se titula «Moyano en la CGT. Ficción y riesgoso plan antipiquetero».

¡Hasta el próximo «afiche»! porque, obvio, no temblamos y seguiremos expresándonos igual.

MOYANO EN LA CGT
Ficción y riesgoso plan antipiquetero

Son mayoría los que creen que la asunción ayer de un triunvirato para conducir una CGT unificada después de 10 años puede ser una ficción de corta duración, como lo fue la conducción del Partido Justicialista a cargo del jujeño Eduardo Fellner y el resto de los gobernadores y presidentes locales del PJ. Bastó que a Néstor Kirchner no le gustara para que renunciaran los principales integrantes apenas asumidos. Sólo se mantuvieron algunos para el manejo administrativo y para evitar la intervención judicial de un partido eventualmente acéfalo.

La unificación de la CGT con Hugo Moyano (sindicato de camioneros) para presidir el triunvirato que integran la sorprendente Susana Rueda (Sanidad) y José Luis Lingieri (Obras Sanitarias) surgió como un parto de los montes por la oposición de gremios fuertes, como el populoso de Empleados de Comercio (más de 350 delegados a un congreso) de Armando Cavalieri y el de Sanidad de Carlos West Ocampo, entre otros, más la abstención de la otrora poderosa Unión Obrera Metalúrgica, que todavía no se puso de acuerdo sobre la figura única que la represente en reemplazo del fallecido Lorenzo Miguel.

Una conducción de tres triunviros, ninguno de los cuales representa al sindicalismo productivo por esencia, el industrial, de por sí marca su endeblez. Tan endeble que, presidido el triunvirato por Moyano, durará un año y allí se ratificará o no si el camionero, ya solo, seguirá por 3 años más. Ayer, la mujer Rueda (ver recuadro en pág. 3) le impidió al camionero ocupar el sillón y escritorio que dejó libre el ex titular Rodolfo Daer con palabras firmes como «o los tres allí o ninguno».

Históricamente la CGT posterior al gobierno del general Perón (1946-1955) siempre estuvo más dividida que unida. Inclusive con formaciones paralelas como las «62 Organizaciones» que fundara, precisamente,
Augusto Timoteo Vandor para uso político. Alguna vez, en la época del «Lobo» Vandor, hasta desafió al propio jefe del justicialismo, Juan Perón, en su exilio en Madrid.

La división constante del sindicalismo en cuanto a conducción no es un mal exclusivamente argentino.
Hay dos centrales obreras en muchos países, principalmente europeos. Ideologías e intereses distintos suelen provocar estas divisiones, que se caracterizan por tener un subgrupo sindical comunista que se separa. En nuestro país el comunismo criollo nunca logró hacer pie en el movimiento obrero, aunque hubo intentos que fracasaron. Fue el caso cuando el dirigente gráfico Raimundo Ongaro (hoy sigue en ese gremio) lo intentó a comienzos de los '70 y debió contentarse con una subparte que se llamó «CGT de los Argentinos». El lucifuercista Agustín Tosco, en Córdoba, también concretó un intento temporariamente que no pudo maximizar más que adhiriendo a los sindicatos SITRAC-SITRAM, vinculados a Fiat y a Materfer de esa provincia. También hubo división entre «la CGT de Azopardo» y la de «Brasil» después del golpe militar de 1976.

Nuestro sindicalismo ha sido demasiado corrupto, vividor de fondos públicos que respetaron los sucesivos gobiernos (la «caja» de gran ganancia para el bolsillo de los gremialistas han sido las obras sociales, además de leyes compulsivas de cuotas extraídas sin opción a los trabajadores) como para abrazarse a extremismos comunistas.

Inclusive la mayoría de los principales sindicalistas se ha enriquecido manteniendo «el ingreso desde el sindicato» a la par de hacer negocios privados como empresarios. Para mencionar un caso, está el del sindicalista petrolero Diego Ibáñez, en el pasado también con flota de camiones transportadores de combustibles.

La unificación concretada el miércoles, que dio las autoridades cegetistas que asumieron ayer, tuvo bastante razón de ser en los esfuerzos del sindicalista gastronómico Luis Barrionuevo, quien ha tenido una pé-sima relación con el presidente Néstor Kirchner y su esposa desde la asunción, hace más de un año. Lo más dramático para ese gremialista es permanecer ya 12 meses fuera de su principal fuente de ingresos, como fue desde hace años el PAMI. Durante Menem, De la Rúa y hasta Eduardo Duhalde dominó el PAMI. Basta recordar que, cuando asumió Fernando de la Rúa, se intervino el organismo de los jubilados y todas sus filiales menos una, precisamente de la localidad bonaerense de San Martín, desde donde Luis Barrionuevo operaba sobre el PAMI.

Barrionuevo intentará actuar sobre los Kirchner con una doble táctica, dada su larga experiencia. Primero, bondadosamente,
«el Presidente tiene que convocar a todos los sectores de la sociedad para que lo ayudemos», declaró ayer sin aclarar en qué puede beneficiar al gobierno (¿propone freno a piqueteros el gastronómico, cuando Susana Rueda del triunvirato ya dijo que «los reclamos en la calle son justos?). «El país no lo puede manejar una sola persona», agregó con términos algo más amenazantes exigiendo su convocatoria nuevamente a la primera línea. «No se tiene que pelear con nadie Kirchner. Tiene que hablar con los que representamos algo en la vida del país. Nosotros queremos acompa-ñarlo», expresó sin ocultar sus deseos y lo que lo llevó a tratar de usar, comprometiendo su resto, a una CGT unificada como ariete hacia el oficialismo. «Kirchner se tiene que rodear de gente capaz que pueda ayudarlo y acompañarlo. Lo que nosotros queremos recuperar es el papel de interlocutor.» Ubicó el gastronómico así su plan, del cual una CGT unificada con fórceps fue el primer paso. Expresó también como para que no queden dudas qué ofrecen con Moyano y qué solicitan: «Los que se denominan piqueteros se han convertido en líderes políticos. (Raúl) Castells lanzó su candidatura. (Luis) D'Elía es diputado. Ellos tienen su partido (D'Elía fue electo por un frente, el Polo Social, del cura Luis Farinello, a la Legislatura en la provincia de Buenos Aires). Con nosotros no tienen nada que ver, porque la CGT es peronista. Kirchner habló estos días con Hugo (Moyano) sobre algunos programas que quiere lanzar con nosotros. Así que supongo que nos veremos».

• Recompensas

Podrá llegar a verse muy rechazado el sindicalista de la gastronomía, en este año único de garantía de «CGT unificada», para cambiar el tono meloso hacia el gobierno y emprender posteriormente, si tiene chance, el camino de la confrontación. Aparte, Moyano no está en condiciones de ser duro con la gestión Kirchner, que le ha entregado el área de la Secretaría de Transporte. Desde allí Moyano apadrina un doble y suculento recurso: les gestiona los innumerables subsidios a las empresas de transporte (por combustibles, por peajes, por pasajeros) y cada tanto exige algunas recompensas, por ejemplo, para la otra parte de su negocio, los afiliados camioneros. Una gran fuente de ingresos y dominio del camionero es que le permita el gobierno que el examen de salud obligatorio para sacar el «registro profesional» se haga en la obra social de los propios camioneros.

Pero Barrionuevo no va a permitir que su juego costoso de apoyo de estos días termine en que sólo Moyano mantenga privilegios y él siga afuera.

• Exigentes

Conocedor de todo esto, el otro no menos experimentado y pícaro Cavalieri abrochó por sólo un año para observarles el accionar a Moyano-Barrionuevo y restantes. Para ratificar otros 3 años de mandato del dirigente camionero solo, sin triunvirato, serán muy exigentes Cavalieri y West Ocampo, que desprecian a ambos. Exigentes sobre todo cuando ayer la contestataria Rueda declaró que «puede ser Moyano, Lingeri o yo» quien desempeñe la secretaría general («que quede claro que con este triunvirato el que manda soy yo», había adelantado imprudentemente el gremialista el martes pasado). Logren o no mayoría para desplazarlo en 12 meses si lo consideran necesario, volver a que haya dos CGT no será ni más ni menos que lo que sucedió en el pasado con otras divisiones.

Intentar ofrecerle al gobierno el fin del accionar piquetero, como pretenden Moyano y su gente, no será nada fácil, además de ser una variante nueva cuyo desarrollo mirará desde la platea Kirchner. El haber caído en torpezas Luis D'Elía ciertamente hizo fracasar la táctica oficial de endulzar a piqueteros «blandos» para frenar a los «duros». Por lo tanto, la propuesta de Moyano de hacerlo no sería desdeñada inicialmente, pese a la urticaria que el apellido Barrionuevo les produce a los Kirchner.
«Si el negro Moyano hace alarde de poder parar el país o atacarnos taponando las rutas con camiones, mejor que no se ol-vide de vigilar si están los seguros al día porque allí parados los rodearemos nosotros...», dijo ayer un «piqueduro» a este diario y aclaró que saben la maniobra en ciernes de la CGT más oficialismo que se avecina.

Perder el dominio de «la calle» desalienta al sindicalismo burócrata, que ve en los pique-teros un peligro para su tradicional gravitación política y los suculentos negocios derivados de ello. Los desespera que el gobierno les tema más a ellos que a sus sindicatos y su CGT por lo cual ven perder gravitación, algo que significa perder dinero de sus bolsillos. Tienen mucha más plata asegurada que los piqueteros, pero sus activistas son ya casi profesionales, también burocratizados. En esta encrucijada de violencia a que se está llevando al país, un activista pago de gremio no tiene chance de enfrentar a un piquetero ideologizado de ultraizquierda ni aun a los más socializados agrupados en comedores barriales y centros asistenciales.

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