Aníbal Ibarra, quien no logró unificar al Frepaso en el Congreso, resiste ahora el desequilibrio del presupuesto porteño, que quedó atrapado, condicionado a la decisión de la Nación para socorrerlo.
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Dos cosas pueden decirse de Ibarra con respecto a su participación en el armado del nuevo gobierno nacional: no puede conducir a la poca tropa frepasista que le queda y no atina a apuntalar la crisis económica que arrastra a la Capital Federal del déficit cero al endeudamiento, como consecuencia de la recesión, el «corralito» y la imprevisión. Ibarra, quien se consagró presidente del Frente Grande y sin más pasó las discusiones de la fuerza a un cuarto intermedio para marzo, no logró un voto unificado en las sesiones de ayer y del sábado en el Congreso.
Los frepasistas oficiales de Diputados, que comanda Darío Alessandro y mantienen alianza con la UCR, votaron a favor de la Ley de Emergencia Pública de Eduardo Duhalde, a quien también dieron sus votos (ocho) para presidente. En cambio, en el Senado, la única representante del Frepaso, Vilma Ibarra, hermana del jefe porteño, dio su voto negativo a la norma a la que la Capital Federal se verá obligada a adherir junto con provincias del país, aunque a Duhalde también lo había votado. Incluso el jefe porteño fue uno de los primeros en ir a Lomas de Zamora a prometer sostén al ex gobernador bonaerense. Tampoco pudo el frentista evitar que Juan Pablo Cafiero integrara al gabinete nacional. Desalentó su ingreso en Desarrollo Social con la excusa de que sería Hilda Chiche de Duhalde la encargada en la práctica de la distribución de ayuda a necesitados, cuando el propio Cafiero, de buenas relaciones con el matrimonio presidencial, aceptaría la invitación, que finalmente se tradujo en su nombramiento como vicejefe de Gabinete. Desde allí, con la señora de Duhalde, se ocupará, de todos modos, del reparto de asistencia a los sectores más carenciados.
Esta semana, Ibarra deberá abocarse a tomar una decisión con el rumbo del presupuesto porteño, que hasta ahora preveía equilibrio en sus cuentas, y todo parece indicar que terminará pidiendo préstamos a la Nación para resistir un ajuste en la administración o más aumento de tributos.
La Ciudad de Buenos Aires, que acaba de aumentar impuestos locales, como Ingresos Brutos, se prepara ahora para hacer frente a una caída de 35% en la recaudación de los tributos de enero, el principal ingreso porteño.
La Capital Federal no recibe coparticipación como las provincias, sólo una cuota fija de $ 157 millones, en un presupuesto de $ 3.000 millones en caída, que no contempló previsiones para afrontar la crisis que golpeaba a todos los distritos. Ahora Ibarra depende de que Eduardo Duhalde le acepte un pedido de anticipo de LECOP, bonos con los que pagará sueldos y dietas de funcionarios, además de deudas con proveedores. Ibarra deberá resolver esta semana cómo instrumenta la renegociación de contratos con proveedores y una deuda financiera de más de u$s 500 millones. Hasta ahora, la Capital mantenía sus cuentas equilibradas, con una proyección de pequeño superávit en sus ejercicios, desde la gestión porteña del radicalismo.
•Limitación
La idea de emisión de bonos propios para subsidiar desempleados y cubrir la pérdida de 20% de los ingresos que se calcula para el año se dejaba de lado ayer, por tardía, en el equipo económico del frepasista. Si la Nación sale tras las medidas económicas que se anuncian, al rescate de bonos provinciales, la Ciudad estaría muy limitada a emitir ese tipo de Letras propias que sólo podrían circular dentro de los límites que marcan la avenida General Paz y el Riachuelo. Ibarra quedará dependiendo de los préstamos en LETES que le envíe el gobierno de Duhalde o deberá pedir un crédito externo tan sólo para saldar las cuentas, si no decide otro tipo de ajuste en su administración. Las pomposas obras públicas anunciadas, como la construcción de líneas nuevas de subterráneos, se harían de todas formas, porque en parte dependen de un crédito ya otorgado, pero hay una partida muy importante para el área prevista para este año que incluye la construcción de reservorios de agua para evitar las inundaciones en los barrios del norte de la Ciudad.
Por otra parte, la administración frepasista sufre en estos días la queja de los contribuyentes a los que aumentó la alícuota de Ingresos Brutos, como supermercadistas (se duplicó para alimentos) y telefonía celular.
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