16 de noviembre 2005 - 00:00

Ibarristas el lunes a la Plaza (riesgoso)

El vicepresidente de la Legislatura, Santiago de Estrada, llegó ayer al Palacio de Bolívar 1 a entregarle a Aníbal Ibarra la comunicación de la apertura del juicio político en su contra y la suspensión en su cargo sin goce de haberes.
El vicepresidente de la Legislatura, Santiago de Estrada, llegó ayer al Palacio de Bolívar 1 a entregarle a Aníbal Ibarra la comunicación de la apertura del juicio político en su contra y la suspensión en su cargo sin goce de haberes.
Se lanzó ya en el ibarrismo porteño el «operativo retorno», que busca restituir a Aníbal Ibarra de la suspensión de su cargo. Apelan ahora a la manifestación popular, convocan para el lunes que viene, en defensa del jefe de Gobierno, mientras tienen premura de sustanciar el juzgamiento. Esa movida la terminaba de esculpir anoche con el propio Ibarra algunos de sus colaboradores, pero no estaba seguro el apoyo de todo el kirchnerismo local.

Jorge Telerman
quedó formalmente ayer a cargo del Ejecutivo porteño, una vez que se completó el trámite para que ocupe el lugar de Ibarra, suspendido mientras se desarrolla el juicio político en su contra por el caso Cromañón. El vicepresidente de la Legislatura porteña llegó a media mañana al Palacio Municipal con la comunicación sobre la suspensión, sin goce de haberes, que aprobó el lunes la Sala Acusadora de la Legislatura.

Telerman
ocupará el puesto como vicejefe de Gobierno a cargo del Ejecutivo, «como si Ibarra estuviera de viaje», dijo el mandatario reemplazante para definir la situación. Su estada en el sillón principal ya comenzó a generar intrigas e incomodidades, mientras el staff ibarrista se ajusta a la situación en un clima de reproches y condenas.

Quizá el propio Ibarra debió de a poco acomodarse a la nueva. Recién por la tarde, ya que llegó como todos los días a la mañana, haciendo uso del vehículo oficial para su traslado y de su despacho, empezó a sentir que ya no tendrá firma y que los «plenos poderes» los heredaba Telerman. Nadie se atrevió temprano a decirle que deberá dejar, mientras esté suspendido,algunas comodidades.Tampoco el staff en pleno del Gobierno de la Ciudad logró restablecer una rutina inmediatamente, y al menos hasta cuando Telerman convocó a la primera reunión de gabinete a su cargo.

• Incómodos

En el plantel de secretarios, dos son los que padecen más incomodidades ante el desplazamiento de Ibarra. Uno es el secretario de Cultura, Gustavo López, quien si bien estaba en el área cuando Telerman era el titular, lo aceptaba por imposición de Ibarra y como parte de un acuerdo con el radicalismo. López fue el primero, ya el lunes por la noche, en no poder disimular el gesto preocupación. La otra, es la secretaria de Educación, Roxana Perazza, a quien algunos funcionarios le niegan ya el saludo desde que se conoció la decisión de la Sala Acusadora, donde uno de los 30 votos a favor del juicio político de Ibarra lo emitió el arista Fernando Melillo, esposo de la funcionaria. «Por ética debería renunciar», murmuraban algunos ibarristas, que no se explican cómo el matrimonio que integran el jefe de Gabinete porteño, Raúl Fernández, y la secretaria de Hacienda, Marta Albamonte, nutren aún la amistad con la pareja, en tenidas domingueras de pádel, asado y brindis. Es que Perazza siempre dejó en claro que «con el ARI no tengo nada que ver, yo soy del Frente Grande». Sin embargo el vínculo provocó este año la renuncia del legislador Melillo a la Comisión de Educación de la que era vicepresidente, precisamente porque resultaba como poco curioso ese cargo siendo su esposa la titular del área en el Gobierno de la Ciudad.

Es más, ayer, Raúl Fernández, mediante un comunicado, acusó duramente al ARI del que consideró se había aliado con Mauricio Macri para provocar «un golpe institucional», pero todo eso no parece afectar la vida doméstica por ahora, al menos entre esos matrimonios.

• Ironía

La intriga de parentescos se nutría en los corrillos del Palacio Municipal también con respecto al propio Ibarra y su hermana, la senadora Vilma. «¿Y Vilma?», preguntó un distraído durante la conferencia de prensa del jefe de Gobierno suspendido, el lunes por la noche. «Está con Alberto en Santa Cruz», se respondió, como una ironía para marcar la ausencia en el crítico momento, pero, después de todo, la senadora tampoco se hizo visible la noche del 30 de diciembre cuando la tragedia prenunciaba el final, que comienza a ejecutarse.

Luego siguieron las especulaciones, antes de que por la noche comenzara la primera reunión sobre el «operativo
retorno», entre legisladores amigos, Fernández e Ibarra (Aníbal) quienes evaluaban las posibilidades (pocas), de restablecer el cargo del jefe porteño el próximo 10 de diciembre o antes. Allí se bocetaba cómo se armará el anuncio que hizo público Raúl Fernández «vamos a pedirles a los vecinos que votaron por nosotros en 2003 que defiendan a este gobierno. Estamos convocando a que el lunes los porteños salgan a la calle en defensa de la educación y la salud pública y el rumbo de crecimiento e integración que estamos llevando adelante, dependiendo siempre de nuestros vecinos». Fue en una gacetilla con el membrete del Gobierno de la Ciudad.

Esas especulaciones intentaban buscar una explicación al fracaso de no haber podido mantener intactos algunos acuerdos que, asegura el ibarrismo, mantenía sellados para garantizar la continuidad de
Ibarra y evitar el juicio político. Alberto Fernández y Vilma Ibarra caían en ese ánimo de rencor del ibarrismo, anoche. Los acusan de la mala idea de llevar adelante el pase de Eduardo Borocotó un día antes del debate de la Sala Acusadora y despedazar con esa evidencia los «acuerdos previos». Estos incluirían que, algunos aliados del macrismo, no convencidos con llevar adelante el juicio político habrían prometido que al menos dos no se sentarían en el recinto el día clave. Serían los ausentes, Borocotó (quien debía conservar su pertenencia al macrismo, en esos planes) y la peronista Dora Mouzo, quien es referente de Santiago de Estrada, el presidente de la Sala Acusadora y vicepresidente primero de la Legislatura. Borocotó parece haberse sentado sólo a votar en contra de Ibarra como es conocido, ante los escraches recibidos, pero de Mouzo nunca se conoció que votaría en contra de su bloque Juntos por Buenos Aires que conforman los peronistas y afines aliados a Macri. Le reprochan eso inclusive al peronista Diego Santilli, a quien referencian como un amigo de Ibarra. Esas conclusiones plagadas de resquemor, claro, son negadas rotundamente tanto por Santilli como por De Estrada, quien se convirtió también en el blanco del kirchnerismo, abocado ayer a una jornada de descanso y reflexión. «Hicimos todo lo posible, no pueden culparnos a nosotros», replicaban los kirchneristas a sus aliados del Gobierno de la Ciudad. «En todo caso, fueron ellos los incapaces de conseguir que alguien se inmole el lunes», sugerían, dando cuenta de cómo proseguirán las relaciones de aquí en más.

La clave parece tenerla el titular del Tribunal Superior de Justicia,
Julio Maier, quien, como impone la Constitución porteña, es el presidente de la Sala Juzgador y recién el viernes dará a conocer los próximos pasos del proceso.

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