11 de noviembre 2005 - 00:00

Impedían familiares anoche que se votara juicio político a Ibarra

Un grupo de familiares impedía anoche que la Legislatura de Buenos Aires votase el juicio político a Aníbal Ibarra. Ante la falta de los 30 votos necesarios en la comisión juzgadora que analizó sus responsabilidades en la tragedia de Cromañón, preferían una postergación con objeto de lograr la mayoría necesaria. Pasadas las 23.30, la Cámara estaba en un cuarto intermedio en una Legislatura cercada por airados familiares que gritaban «¡Y Kirchner dónde está!», vigilados por policías dentro del recinto que los separaban de los diputados. Bajo esa presión inusual, el bloque ibarrista se retiró del recinto abucheado por el público anunciando su abstención. Permaneció el polémico Lorenzo Borocotó que, tras su giro político, anunció que votaba a favor del juicio a Ibarra, pero igual no alcanzó porque faltó sobre el final un voto. Si hubiera sido aprobado el juicio, habría sido suspendido en el cargo y reemplazado por Jorge Telerman. El gobierno nacional hizo todo lo que estaba a su alcance para defender a Ibarra; que lo enjuiciasen hubiera sido una derrota política.

Una estampa poco imaginable en una democracia madura: la sesión de ayer en la Legislatura se hizo con policías uniformados que formaron una barrera entre el público y los familiares que abucheaban a los legisladores pro Ibarra y ovacionaban a quienes querían juzgarlo.
Una estampa poco imaginable en una democracia madura: la sesión de ayer en la Legislatura se hizo con policías uniformados que formaron una barrera entre el público y los familiares que abucheaban a los legisladores pro Ibarra y ovacionaban a quienes querían juzgarlo.
El escándalo protagonizado por los padres de las víctimasde la tragedia del local Cromañón en el recinto de la Legislatura porteña interrumpió anoche la votación en la Sala Acusadora que resolvía si enjuiciar o no a Aníbal Ibarra por mal desempeño en relación con la tragedia del local bailable. De todos modos, el jefe de Gobierno lograba eludir el juicio político -por supuesto mal desempeño en sus funciones con relación al caso Cromañón- al no reunirse los 30 votos necesarios dentro de la Sala Acusadora, es decir dos tercios entre los 45 diputados que conforman esa instancia, mientras que el debate se realizó con 41 diputados. Apenas faltaba un voto para condenar a Ibarra, quien además no tuvo prácticamente defensa en el recinto: el kirchnerismo completo -que le aportaba 7 de los doce votos a favor que reunía- se retiró del recinto y de la Legislatura. La actitud abrupta fue la respuesta a la intervención de Jorge San Martino (PRO) quien, encendidamente, intentaba provocar el discurso de los legisladores oficialistas, lo que exaltó a un centenar de padres de las víctimas que permanecían en las bandejas del recinto. Mientras los familiares acompañaban con gritos los disparos del lopezmurphista contra el oficialismo, éste emprendió la retirada. El desorden, los forcejeos en las barras y los cánticos «no se vota, no se vota» de los padres provocaron, al momento de votarse, un cuarto intermedio. Los legisladores que quedaban en el recinto cerca de la medianoche se reunían en el Salón Eva Perón, contiguo al despacho del vicepresidente primero de la Legislatura, Santiago de Estrada. Ibarra contaba con lo que siempre tuvo: dos legisladoras propias, tres aliados y el bloque kirchnerista. La oposición con lo suyo para intentar condenarlo: 15 macristas con sus aliados, 6 izquierdistas, tres aristas y cuatro independientes, no oficialistas.

Los gritos, insultos y llantos hicieron optar a algunos kirchneristas y otros aliados del Gobierno porteño por abandonar los discursos y no pedir la palabra para evitar más choques. La suerte de Ibarra dependía de la ausencia de cuatro diputados, no los votos a su favor, ya que el jefe de Gobierno necesitaba 16 votos en contra de la decisión de enjuiciarlo, pero los sumó con 12 en el recinto -inclusive abstenciones- y cuatro de los que faltaron.

• Atado

Esa situación deja a Ibarra con poca fortaleza para sentirse eximido de una condena política y recobrar oxígeno para su gestión. A la vez, lo deja más atado al kirchnerismo que hasta ensayó un voto ajeno como el de Eduardo Borocotó y contó con la enfermedad de un miembro de su bloque para darle continuidad a Ibarra. De proseguir, reflejará en un maquillaje de gabinetede qué modo fortalece su alianza con el gobierno y también con aliados como Jorge Giorno, Jorge Mercado, Mónica Bianchi, Sandra Dosch, Alicia Caruso, entre otros -propias y ajenos- que le aportarán para terminar el mandato y se integrarán a su staff. Las acusaciones por las presuntas responsabilidades políticas de Ibarra en torno a la atención de la tragedia y a los controles previos del local bailable Cromañón -que no contaba con habilitación, estaba excedido en cantidad de personas aquella noche, etc.- parecían ayer pasar a un plano secundario, al menos en las negociaciones previas a los discursos formales que se dieron en el recinto.

Inclusive algunos diputados reflejaron en sus alocuciones que lo que se debatía era «la continuidad de Ibarra»
y explicaron que, en caso de enjuiciarlo, proseguiría en su lugar el vicejefe de Gobierno, Jorge Telerman. Es que el mecanismo de juicio político impone que el acusado sea suspendido en sus funciones durante cuatro meses mientras actúa una Sala Juzgadora, pero nadie considera que en esa situación un funcionario resista sin renunciar antes a su cargo. La sesión de la Sala Acusadora, que preside el peronista Santiago de Estrada, comenzócon el discurso del macrista Marcelo Godoy, quien expuso la cronología de cómo se había resuelto el juicio político, una decisión que se tomó en agosto pasado por la mayoría de los legisladores, una vez que una comisión especial recomendara abrir el proceso, planteando doce cargos contra el Ejecutivo de la Ciudad.

• Alboroto

Después siguieron el debate las intervenciones de otros diputados que también anticiparan su voto a favor del enjuiciamiento, como Jorge San Martino y Jorge Enríquez, hasta que la ronda llegó a los aliados de Ibarra del Partido de la Ciudad, pero Julio De Giovanni no pudo terminar su discurso en defensa del jefe porteño. Los padres de víctimas de la tragedia, un centenar sentados en las barras, alborotaron el recinto con griteríos e improperios al legislador. La falta de orden ofuscó al kirchnerismo, que se retiró completo a recriminar a De Estrada, a pesar de la presencia de unos cincuenta policías de uniforme y de civil destinados a controlarlos. Los agentes se mantuvieron de pie en la tercera fila de bancas -vacías porque 15 diputados no integran la Sala- de espaldas a la presidencia y de frente a esas barras, que mantuvieron todo el tiempo en sus manos las fotos de los jóvenes muertos. La situación parecía desequilibrar al kirchnerista Miguel Talento -convencido en los últimos días de abstenerse de votar- y levantaba la presión del arista Fernando Melillo, quien debió ser asistido por una enfermera. Este diputado firmó un despacho en contra de Ibarra, pero la amistad con el jefe de Gabinete porteño, Raúl Fernández, y el cargo de secretaria de Educación de su esposa, Roxana Perazza, desequilibran su organismo al son de las quejas a gritos de los padres de las víctimas, en el recinto. Un encendido discurso del macrista Martín Borrelli hizo acomodar en las bancas a más de un aliado del gobierno, especialmente cuando preguntó: «¿Qué queda de esa fuerza progresista, de ese dirigente que usó las cámaras ocultas para denunciar la corrupción?», y cuando espetó: «¿Dónde están los cuatro diputados que faltan hoy? No hay ninguna excusa que no tenga olor a corrupción porque si uno no es diputado para estas circunstancias históricas, para qué carajo es?».

Aplaudieron también los padres a la zamorista Noemí Olivetto, quien a pesar de estar ausente nueve meses por complicaciones en su salud, llegó ayer anunciando: «Mi voto simbólico a favor de los padres de Cromañón». El oficialismo esperó que pasaran los discursos de la oposición para pedir la palabra, aunque sobria y mesurada pronunció en el medio el suyo Sandra Dosch, provocando otro griterío de las barras, entre las cuales estaba, en palco aparte, un grupo de padres de víctimas silencioso, los que no estaban de acuerdo con abrir el proceso de juicio político.

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