Néstor Kirchner descartó ayer que vayan a producirse incidentes o «desbordes» el próximo sábado, cuando un batallón de organizaciones piqueteras realice, en Plaza de Mayo, tres actos paralelos, al cumplirse dos años de la renuncia de Fernando de la Rúa.
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En la misma línea, para evitar alimentar el nivel de agitación de algunos grupos pique-teros -especialmente los duros, más críticos a Kirchner-aseguró que el gobierno «jamás» reprimirá «a los manifestantes». «No temo ningún desborde de los argentinos, porque los argentinos tenemos que aprender a convivir en el disenso, la pluralidad y el reclamo», dijo ayer en Córdoba el Presidente. Kirchner buscó así apagar un temor recurrente: el próximo sábado, en tres turnos, los clanes piqueteros se movilizarán al Congreso Nacional y luego harán actos en Plaza de Mayo para recordar las trágicas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.
Según las previsiones, en esas tres movilizaciones consecutivas, participarán entre 20 y 50 mil personas. La dimensión de la convocatoria generó preocupación en el gobierno, por lo que el secretario de Seguridad, Norberto Quantín, se abocó a diseñar un operativo policial de prevención.
Desde el inicio de esta se-mana, Quantín y su segundo José María Campagnoli se dedicaron a diseñar un opera-tivo y, en paralelo, a coordinar con las distintas agrupaciones horarios de presencia en la plaza, punto de movilización y vías de ingreso y egreso de Capital Federal.
El sábado habrá tres actos continuados. Pasado el mediodía, se reunirán grupos mode-rados -MTD Aníbal Verón y Barrios de Pie-; dos horas después será el turno de la CCC de Juan Carlos Alderete; y sobre las 18, lo harán los «piqueduros».
Esta última movilización, donde confluyen el Polo Obrero, las huestes de Raúl Caste-lls, el ala dura de la Verón y el grupo Teresa Vive, entre otros, prevén movilizar a más de 15 mil personas y, habida cuenta de que son los más combativos, se acción es observada por el gobierno.
A pesar de eso, ayer Kirchner dio por hecho que no habrá «desbordes» y, al mismo tiempo, descartó la posibilidad de que el gobierno ordene reprimir a los manifestantes. «Jamás» dijo, contundente, el patagónico.
En los últimos días, con la reaparición del escándalo de los sobornos en el Senado, salió de la agenda inmediata el tema piquetero. Pero hasta la semana pasada, eran constantes los toreos verbales entre funcionarios del gobierno y líderes de los clanes.
El ministro del Interior, Aníbal Fernández, fue de los más rigurosos a la hora de sugerir un comportamiento ante los piqueteros. «Hay que tratarlos con el Código Penal en la mano».
Claro que ésa no es, en absoluto, la voluntad de Kirchner. En definitiva, el sureño se ilusiona con que al menos parte del ejército piquetero se convierta en el futuro en sus delegados territoriales en el conurbano, única forma de acotar el poder del duhaldismo.
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