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4 de septiembre 2006 - 00:00

Insiste Kirchner: "herir" a Blumberg

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Luego de ningunear la masiva marcha que el jueves se instaló frente a su despacho, Néstor Kirchner ensayará dos acciones simultáneas para «limitar» los movimientos de Juan Carlos Blumberg, tras haber -se jactan en el kirchnerismo- «herido» al ingeniero.

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Como anticipo, la Casa Rosada enviará esta semana al Congreso el proyecto de desarme que Kirchner presentó días atrás donde, por primer vez, castigó -siempre sin nombrarlo- con dureza a Blumberg al acusar a los que «usan la inseguridad» para pergeñar proyectos propios.

Será una de las medidas focales que impulsará el gobierno y que, en la mayoría de los casos, tendrán un dato común: no aparecerán como innovaciones sino como una «continuidad» para intentar trasmitir que están en proceso desde antes de la marcha Blumberg.

El punto central es uno: ignorar el petitorio Blumberg (empezó cuando lo recibió el secretario de un ministro el viernes) y, en lo posible, instalar que al margen de lo «imposible» -como hacer cárceles de un día para otro, detallan- lo demás está en ejecución.

«Se aumentó 20% la cantidad de fuerzas de seguridad y se perfeccionó a las policías», decían, ayer, voceros oficiales en respuesta a algunos de los puntos del reclamo que leyó el ingeniero ante una Plaza de Mayo colmada que se convirtió en la «plaza del no».

Esa decisión transparenta la furia de Kirchner. «El mayor enojo fue que salió con temas que él sabe que están en marcha, como el cambio de los DNI», dijeron desde el gobierno.

  • Anexo

    Al margen de la cuestión operativa, que tendrá su capítulo más fuerte la provincia donde Felipe Solá y León Arslanian activarán un puñado de medidas -poner más policías en las calles, entre otras- el gobierno reserva un anexo político al expediente Blumberg.

    Luis D'Elía, que cascoteó al ingeniero y armó la contramarcha, cumplió el rol de «ensuciar» la convocatoria, sesgarla y, sobre todo, señalan en el kirchnerismo, «poner a Blumberg a la defensiva» y sacarlo del rol de «referente social» para tener que «dar explicaciones».

    Por eso, el piquefuncionario martilló, por ejemplo, con su denuncia de que el empresario recibe fondos de la secta Moon, acusación que Blumberg desmintió una y otra vez. Pero, como pretendía el gobierno, el ingeniero empujado a un ring incómodo y feroz. Obligados a celebrar y hacer balances favorables, los kirchneristas detallan dos cuestiones puntuales: al embarrar la marcha Blumberg «juntó 10% de lo que esperaba» -dicen que fueron 20 mil-; el ingeniero, que aún así se consideró ganador, ahora se imagina más candidato que otros.

    «Le metimos un problema a la derecha: aún más chica que lo que espera, ni Macri, ni Lavagna ni Sobisch pueden juntar la gente que juntó Blumberg. Por eso, ahora, Blumberg es más candidato a presidente que los otros tres», interpretó ayer un funcionario nacional.

    No es del todo errado. Un estrecho colaborador de Blumberg admitía anoche que esa opción se metió en la agenda a pesar de que insisten con que Blumberg no tiene nada resuelto en materia de postulaciones. «Es que el gobierno quiere que Juan Carlos sea candidato», dijo sin abortar la especie.

    De todos modos, en una pirueta, Blumberg hizo ayer una oferta: dijo que no se meterá en política si el gobierno cumple los puntos que plantea en su petitorio, que en estas horas llevará a la Corte y al Congreso. Gambetea el fango al que pretende empujarlo la Casa Rosada para debilitarlo.

    Una multitud de encuestas que circularon por despachos oficiales en estos días son la más obvia indicación de eso: en todas se destaca claramente que Blumberg pierde adhesiones cuando salta de la representación social a la política.

    «Es un candidato temático: fuera del tema seguridad, la gente no lo tiene en cuenta», explica un vocero mientras otro remite al caso de Luis Patti que se hizo fuerte sobre el mismo asunto y nunca, recuerdan, sacó más de 10% de los votos.

    Es otra visión la que plantean en el macrismo sobre esa posibilidad: ningún potencial candidato de la oposición ni aún del gobierno en la provincia -salvo Solá y Cristina Fernández- miden por encima de 20% que, aseguran, obtiene Blumberg como intención de voto.
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