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Los caudillos del peronismo, tan decisivos en la vida política del país en los últimos cuatro años, llegaron a Olivos con alguna contradicción sobre el cronograma que había lanzado Duhalde el día anterior. Por un lado, algunos estaban molestos porque no se los hubiera consultado por adelantado. Después se convencieron de que fue mejor así: «Si el anuncio se hubiera hecho después de una reunión con nosotros, se habría pensado en que le habíamos dado un golpe», razonó uno de los gobernadores, cauteloso. Curiosamente, es el mismo recelo que expresaron las autoridades de los Estados Unidos especializadas en América latina (lo comentó un gobernador, quien agregó que ayer Otto Reich, subsecretario para Asuntos Latinoamericanos del Departamento de Estado, almorzó ayer largamente con el embajador en Washington, Diego Guelar).
Por otro lado, había quienes consideraban que los plazos fijados por Duhalde eran demasiado largos para ser manejados por un hombre al que se le adjudica un estado depresivo y muy poca vocación de lucha frente a los problemas. Pero ayer, cara a cara con el Presidente, los caudillos provinciales lo vieron aliviado, inclusive con cierto optimismo: «Todas la agresiones venían sobre el gobierno. Ahora tenemos la posibilidad de cambiar el eje del debate, que estará centrado más en las propuestas y en las contradicciones entre candidatos. Además, estamos bien encaminados hacia el acuerdo con el Fondo y el plan social está funcionando bastante bien».
Nadie quiso hablar allí de las dos muertes que determinaron la decisión (en la reunión que los gobernadores tuvieron por su cuenta, algunos le reprocharon a Felipe Solá haber ubicado a Juan Pablo Cafiero al frente de la seguridad bonaerense: «Era el que venía a bendecir a los piqueteros a nuestras provincias cuando nos cortaban las rutas». Solá defendió a «Juampi» diciendo que «es un hombre de ideas muy firmes, pero también tiene 'calle'»).
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