Insólita incógnita: ¿es Cristina una opositora?

Política

Como sucede en muchas familias, de pronto el terremoto empieza en la casa. Y Néstor Kirchner, quien se ufana de no tener oposición (teoría que, por otra parte, repite en dulce manada buena parte de los argentinos) y que, en el caso de que asomara, procede con velocidad para apagarla (caso del gobernador salteño, Juan Carlos Romero, hoy afectado por desgracias naturales en la provincia que son agravadas por sospechosas campañas), tropezó en el horizonte con una opinión discordante impensable: su propia mujer, Cristina Fernández. La autora, práctica e intelectual, de iniciativas que no responden verticalmente a la tutoría de la Casa Rosada.

Más que paradójico resulta que hoy la esperanza blanca de la oposición, la disidencia, en la Argentina se encarne en la propia esposa presidencial, la poseedora de 49% de la sociedad política común (aunque debe creer que dispone de 50%), alguien que en ciertos temas de pronto habla o suscribe con más energía que Mauricio Macri, el gobernador Jorge Sobich o la diputada Elisa Carrió. Claro, ella dispone de una cobertura o seguridad de la que carecen los otros: nadie imagina al Ejecutivo soltando perros locos y rabiosos para asustarla.

Tampoco nadie sabe, a ciencia cierta, hasta dónde llega esa discrepancia política de los cónyuges, gente que privilegia su actividad profesional por encima de la menudencia familiar, sentimental o doméstica. Ni hasta dónde habrá de llegar la autonomía femenina fuera del compromiso matrimonial. Lo cierto, sin embargo, es que ella ya catapultó dos misiles orbitando la Plaza de Mayo, al tiempo que ejercita actitudes no frecuentes (por ejemplo, ayer tardíamenteingresó a una sesión del Senado que le interesaba al gobierno, aunque ella ha evitado votar algunas normas económicas del oficialismo). En la ocasión defendió con énfasis el proyecto de imponer cargos selectivos para alguna obra pública.

  • Cupo femenino

  • Uno de los proyectos proviene de una de las mujeres soldados de la primera dama, su vecina de La Plata y legisladora Nora Noemí César, también defensora del género, quien demanda la participación femenina en todos los cargos públicos -como obligación- en 50%. Y que las fórmulas presidenciales o gubernamentales también por obligación lleven como mínimo a una señora de número dos. Algo así como el reparto de bienes establecido en el régimen matrimonial.

  • Otra iniciativa, más sensible a la carnadura del gobierno (al menos que luego lo consienta como una cesión comprensible para que nadie imagine hegemonías), es la oposición de la señora de Kirchner a la rampante emisión y consagración de los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), sobre los cuales la administración nacional ha hecho uso y abuso. Ahora ella, casi sobrevolando a la oposición, se integra y encabeza en el Senado a una revuelta para reglamentarlos. Por más que sea un reencuentro con su propio pasado -esa iniciativa ella la propuso para otros mandatarios-, el solo hecho de reflotarla indica una preservación de su conducta y de su prestigio por encima de los intereses de su marido.

    Los dos elementos, curiosamente, justo brotan cuando en los mentideros se hablaba de algunas desavenencias matrimoniales con respecto al futuro político de ambos. Raro porque en el último cumpleaños del Presidente, hace dos meses, estaban más tórtolos que nunca cuando él pidió ante un grupo de amigos un brindis por la candidatura de Cristina a la Presidencia.

    Hecho que, por otra parte, no se estancó en una expresión de deseos, sino que ella lo potenció al involucrarse en esa posibilidad y al recordar, como si la magia circular de los acontecimientos siempre se repitiera, que la ocasión era más que propicia: en un cumpleaños anterior de su marido, dijo, entonces también brindaron por la llegada de éste a la Casa Rosada. Cuando, justo es admitir, ninguno de los dos imaginaba que la suerte les jugaría a favor tan rápido.

  • Reelección

    Quienes en Santa Cruz más conocen el alma presidencial (a través del cortado, la picada y la intimidad de años en la soledad sureña), sostienen que no se presentará Kirchner a la reelección. Hasta él mismo ha coqueteado con esa posibilidad. Sin embargo, no siempre la voluntad en política es lo que se impone y de acuerdo con otros amigos, ya vecinos porteños, mientras observan encuestas suponen que al Ejecutivo no le queda otra alternativa que el intento plausible de renovar su mandato. Mientras su esposa, le guste a ella o no, es la mejor candidata para suceder a Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires. Pero esta variante bonaerense, al parecer, no figura en los planes de la señora Cristina, quien consideraal menos, eso le atribuyena ese asiento como una suerte de «la silla eléctrica». Y, ciertamente, ella está en contra de la pena de muerte.

    Para continuar con las presuntas diferencias se podría agregar que, desde la destitución del gobernador Sergio Acevedo (o renuncia por «razones personales», muletilla habitual de los funcionarios que se evaden de este gobierno, semejante a la «incompatibilidad de caracteres» de los actores al divorciarse porque uno u otro fue pescado in fraganti con un tercero), aumentaron las rispideces: ella conserva debilidad por Acevedo, el partido de la función (le caben acepciones varias) y tiene simpatías exangües por aquellos que en esa tierra mantuvieron y expandieron su poder con la deserción, como Rudy Ulloa Igor (hoy uno de los organizadores del megaacto del 25 de mayo en la Plaza para homenajear al Presidente en su tercer año). Si a esto se agregan otras minucias, como el despido de algún chofer, la novela del disturbio político en la pareja presidencial puede ocupar un espacio en la magra cobertura informativa de un gobierno que la alfombra de 9% de crecimiento le permite hacer olvidar otras exigencias.
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