El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Cuando visitaron a Menem, los acompañaba alguien con quien el ex mandatario mantiene una causa pendiente y al que sus colaboradores miran con algo más que odio: Esteban «Cacho» Caselli, ex colaborador del riojano y luego trasvasado al duhaldismo vía Ruckauf, tanto que hoy es casi el segundo de la Cancillería. Encuentro educado, bien Menem y Caselli con su característica simpatía que tan bien luce con los obispos.
Salvo la tensión de esos rivales, ignorada por el trío, éstos se comprometieron con Menem -especialmente Schneir-a realizar gestiones ante la Casa Blanca y su amigo James Wolfensohn que faciliten la resolución de los conflictos financieros de la Argentina.
Quedaron bien Menem y Caselli, tanto que suenan antojadizas las últimas declaraciones hace 15 días del ex edecán de Menem Jorge Igounet en el juicio que involucra a los otros dos: ante la secretaria del juzgado, Igounet sostuvo que nunca Menem le hubiera dado determinada información o instrucción a Caselli -a propósito de una designación en Defensaporque entonces este hombre era «un cafetero, abría la puerta en lo de Bauzá (Eduardo), llevaba y traía invitaciones».
Más entretenida y sorprendente fue la reunión de los recién llegados con la Carrió, esta vez en el Alvear y sin Caselli, por supuesto. A los visitantes los sorprendió que ella mencionara que ese lugar era «un monumento a la corrupción» y, luego, les transmitiera que buena parte de la responsabilidad del hambre que hay en la Argentina corresponde a dos empresas de origen norteamericano: Monsanto y Cargill.
El trío no entró en detalles, simplemente interrogó: «Señora: ¿usted cómo piensa que se puede salir de esta crisis?». Ella respondió: «Con paciencia y fe». Esa réplica, que podía interesar a los religiosos, sin embargo motivó un comentario del representante judío: «¿No le parece que también sería importante un liderazgo en la conducción del país?».
Dejá tu comentario