Néstor Kirchner, que ayer se zambulló en una multitud en la provincia de Río Negro, parlamentará hoy con intendentes del conurbano en la Casa de Gobierno. Los alcaldes van a tejer alguna mejoría en la relación del primer mandatario con Eduardo Duhalde.
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Las novedades que transmitió el intendente de Tres de Febrero fueron alentadoras para el ex presidente, quien teme que lo obliguen a pelear una guerra incómoda. Kirchner les había dicho, a Curto y sus colegas, que «gracias a la reunión con Felipe (Solá) tranquilizamos el ambiente». «Vieron cómo es Felipe, se le va la lengua», dijo el santacruceño, como si él no protagonizara muy a menudo episodios de exaltación.
Ahora se sumaron otras rispideces, demasiadas para un gobierno que examina el dial con excesiva minuciosidad. Pero delante de los intendentes Kirchner mostró una oreja de la baraja: «Yo no tengo nada con Duhalde, ¿cómo voy a tener algo? Pero tiene que hacer una apertura en la provincia, tiene que modernizar al partido». Curto, que es uno de los demiurgos electorales del ex presidente (en el sentido de que logra efectos casi mágicos con las urnas), entendió de inmediato de qué le estaban hablando: la Casa Rosada quiere abrir las listas bonaerenses. Por algo el hombre de Tres de Febrero es el eterno presidente de la Junta Electoral bonaerense.
Pereyra, que fue jefe de Carlos Kunkel en la Municipalidad de Florencio Varela (donde el estratega del Presidente fue secretario de Gobierno con algunos altibajos), habrá imaginado de inmediato quién será uno de los beneficiarios de la «apertura» que reclama Kirchner.
Se desahogó el mandatario también con algunos diputados y puso como ejemplo la demora en la aprobación del envío de tropas a Haití, un modo de colocar la lupa sobre dos de sus « preferidos»: Alfredo Atanasof y Daniel «Chicho» Basile, quienes llegaron tarde a la formación del quórum en Diputados, la semana pasada. En cambio, hubo elogios para José María Díaz Bancalari y hasta una pasada piadosa por el nombre de Eduardo Camaño, el titular de la Cámara.
Intentó abuenar los ánimos Kirchner y desde la otra orilla recibieron la señal sin distorsiones. Ayer por la tarde, Duhalde se estableció en su sede, el Congreso, como si quisiera ratificar que es uno de los dos titulares de la «diarquía» que hoy domina la vida política en el país. En la Cámara de Diputados, donde tienen despacho su esposa y su yerno, se enfrascó en una discusión de tres horas con los hombres clave del lugar: Camaño y Atanasof (sus dos principales alfiles) y Díaz Bancalari, quien corre el riesgo de morir descuartizado por los tironeos de los dos jefes en pugna.
En la charla con sus hombres, Duhalde comentó el mensaje que le llegó desde la Rosada a través de Curto. Y analizó por qué era lógico que el Presidente haya hecho gestos amistosos: para eso enumeró las dificultades crecientes que, según él, fue encontrando el gobierno desde que Juan Carlos Blumberg comandó una especie de ensayo general de cacerolazo. El desgaste, razonó, debe llevarlo a un acuerdo.
¿En que consistirá ese entendimiento? Desde las cabezas más ambiciosas del oficialismo se habla de conquistar 7 bancas «a entrar» en las listas duhaldistas. Y, tal vez, impulsar al candidato a senador. ¿Aníbal Fernández? El ministro del Interior espera que su jefe le cree un escenario en el cual potenciar sus pretensiones para la gobernación en 2007. Un proyecto muy ambicioso: la sobreexposición de su figura, sobre todo en la polémica por la coparticipación que reclaman los bonaerenses, dejó a este hombre de Quilmes en una posición de debilidad frente a sus competidores. Si hasta tuvo que tolerar, como testigo de la reunión con los intendentes, que el Presidente se le burlara diciendo: «Mi candidato a gobernador es el 'Mono' Díaz Bancalari».
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