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16 de agosto 2006 - 00:00

Jefe de bancada, una profesión insalubre

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Angel Rozas
La disputa que dominó la elección de Fernando Chironi como presidente del bloque radical de Diputados a fin del año pasado vuelve a condicionar ahora la frágil estabilidad de esa bancada, que parece condenada a dividirse.

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Chironi asumió la presidencia de la bancada después de una puja con el chaqueño Angel Rozas. En ese momento, Rozas venía de presidir el comité nacional de la UCR, cargo que dejó en manos del mendocino Roberto Iglesias, y se erigía en el referente de la rama más dura del radicalismo en oposición al gobierno.

Chironi, por su parte, cumplía el papel de contener a los diputados radicales propensos a dar tiempo a Néstor Kirchner y no entorpecer. Lo apoyaban, entre otros, Federico Storani, que sostenía el mismo pensamiento en cuanto a no romper con un gobierno que, en muchos temas, sostenía posiciones similares.

Pero seis meses en la vida de la Argentina son una eternidad. Desde diciembre de 2005 a la fecha no sólo apareció el lanzamiento de la curiosa «concertación» del gobierno, que acuerda con los radicales que manejan territorio por separado sin discutir proyectos, sino que varios de esos caciques provinciales y municipales se alinearon ya abiertamente junto con Kirchner.

  • Complicación

  • En este nuevo escenario, a Chironi se le complicó seriamente la posibilidad de contener a su bancada. No era él, precisamente, el encargado de manejar una situación así, sino más bien todo lo contrario.

    Para empeorar la situación, su adversario en la interna de la bancada, Rozas, desapareció momentáneamente de la escena por cuestiones familiares, lo que profundizó la idea de dispersión, algo que esta semana cambiaría.

    Y si la disputa interna del bloque radical de Diputados por la posición ante el gobierno de Kirchner ya parece no tener remedio, tan complicada como ese proceso es la definición del apoyo a la candidatura de Roberto Lavagna.

    El sector más duro de la bancada radical sostiene esa iniciativa, pero la posición es difícil de mantener. Hace dos semanas, Chironi almorzó en la casa de Horacio Massacessi en Viedma junto con el misionero Ramón Puerta, uno de los armadores de la oposición al gobierno que, aunque mantenga compromisos con Mauricio Macri, cruzó ideas sobre la disyuntiva de la UCR.

    Pero el problema es otro: los diputados se preguntan cuándo tendrán la definición de Lavagna sobre su candidatura y consideran que esperar a 2007 para conocer la respuesta definitiva podría precipitar otros cismas.

    Son los mismos que no entienden qué sucederá en la convención del 24 de agosto, cuando la UCR quedará al límite de romper con Julio Cobos, Gerardo Zamora, Arturo Colombi, Eduardo Brizuela del Moral y Miguel Saiz, sin poder anunciar el apoyo a una candidatura presidencial de Lavagna.

    No sucede lo mismo en el Senado, donde la crisis generada por el plan de cooptación de dirigentes radicales que lleva adelante el gobierno más bien unificó voluntades antes que dividirlas.

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