28 de diciembre 2005 - 00:00

Juez cree que está errado el proceso

La nueva sala que juzgará el desempeño de Aníbal Ibarra en el caso Cromañón se reunió ayer por primera vez para deliberar, en el Salón Eva Perón de la Legislatura porteña, pero no logró avanzar en ponerle fecha al inicio práctico del debate oral y público.

El juez Julio Maier, quien preside el Tribunal Superior de Justicia y la sala de juzgamiento, plantó rápidamente la cita a la que había convocado. El magistrado sostuvo que no era su función participar de los debates, que no tenía voto y que para quedarse a tomar nota, lo haga un secretario de los diputados. Sin embargo, el magistrado también advirtió que la sala no estaría actuando adecuadamente (por caso por deliberar en público), pero que él no podía decir nada porque «se anularía» el proceso.

Desconcertó Maier al grupo de 14 legisladores (uno se ausentó) donde sólo cuatro son abogados y manejan, algunos mejor que otros, la letra del Código Procesal Penal que están utilizando para juzgar a Ibarra ante la falta de un reglamento de la sala, que si bien lo tiene, lo redactó una vez que se abrió el proceso de juicio político.

Ni la radical Florencia Polimeli que manifestó que «me gustaría que se quedara» y aduló a Maier; ni el izquierdista Héctor Bidonde que se lo pidió; ni el kirchnerista Elvio Vitali que le espetó al juez que «a usted le manda la Constitución estar acá», logró convencer al magistrado.

• Lecciones

Maier se afianzó en que su función era coordinar el proceso, se paró, luego se volvió a sentar y finalmente se retiró, pidiendo que le comunicaran las decisiones que tomaran, una vez que dio lecciones de cómo proceden los jueces en estos casos de juicios.

«Yo quiero decir que estoy a favor de garantizar el derecho de defensa de Ibarra y ese artículo 61 que yo ni sabía que existía», reflejó la izquierdista Beatriz Baltroc en relación al Código Procesal con el cual argumentó el suspendido mandatario porteño el pedido de la audiencia.

A esa altura ya habían pasado cerca de dos horas de deliberaciones sobre si el legislador recusado (ver nota aparte)
debía estar presente o no cuando se discutía su recusación (algo que no se hizo a la espera de la audiencia de hoy) y otros avatares como que «los quince deben estar presentes» con que insistía la ibarrista Laura Moresi o que «no se va a poder tomar testimonio a diez personas por día, Polimeni está embarazada y algunos de nosotros tomamos medicamentos que no hacen levantar varias veces», según el incontinente Rebot.

Maier
acotaba a cada paso que él prefería retirarse, pero los diputados se enredaban en sus propias opiniones hasta que el juez se retiró y lograron votar para darle permiso al zamorista recusado por Ibarra a que esté presente y vote. «Lo eligió la gente igual que a mí y no le podemos decir que no vote», explicó el radical lopezmurphista Marcelo Meis.

Los diputados debutantes se esforzaron ante las cámaras y hasta el tímido
Sebastián Gramajo (kirchnerista línea cancillería) se animó a pedir de una vez por todas alguna definición, hasta que finalmente cayeron en la cuenta que primero se debía dar lugar a la audiencia pedida por Ibarra y recién después avanzar en un calendario de lo que será el juicio propiamente dicho.

En eso piensan concentrarse hoy los legisladores, de acuerdo con los testimonios y documentación que reprobó
Maier, entre ellos que se adjunten las 17 mil fojas de la investigación que realizó una comisión especial, aunque ayer el juez dijo que en realidad lo que le parece inapropiado es la lectura de ese material que demandaría demasiado tiempo.

Por su parte,
Ibarra, ante movileros, pidió que «nadie se tome vacaciones» para definir su situación que quiere «dar ese debate porque, como sociedad, todos nos merecemos que pongamos blanco sobre negro lo que ocurrió».

Además aseguró que quiere «volvercomo corresponde, no por el paso del tiempo», dado que si no hay veredicto antes del 14 de marzo próximo, regresaría automáticamente a su cargo.

Con poco acierto se eligió para esa primera sesión el Salón Histórico, cuyas dimensiones y comodidades no se adecuaron para atender a la presencia de familiares de las víctimas de la tragedia, asesores, diputados y movileros y cámaras de TV, que permanecieron allí por cerca de tres horas, amparados al calor imperante en el lugar y haciendo piruetas para no maltratar el escritorio y los sillones que utilizó Eva Perón, protegidos por un cordón, como se estila para las piezas de museo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar