Cerca de Cristina de Kirchner afirman que existe un plan, un objetivo, que va más allá del feroz alegato político que brindó ante Casación por la causa “dólar futuro”. En lo que puede leerse como una continuidad de la seguidilla de cartas públicas con blanco en el Poder Judicial y la puesta en escena de los hallazgos de la Bicameral de Inteligencia sobre el festival de escuchas que cerraron la agenda 2020, la del jueves fue un eslabón más de esa cadena. Por eso, la jugada a varias bandas precisa que calibren las repercusiones. La estrategia final, más allá de lo obvio, permanece bajo siete llaves. Sin embargo, para el mundo judicial, por fuera del contexto, el mensaje que se decodificó es el prematuro anuncio de un proceso de demolición simbólico. Y un sinceramiento de la nueva era que comienza en el modo de relacionamiento entre la política y los tribunales.
Sinceramiento de una nueva era en la relación entre el Gobierno y los tribunales
Distancia y frialdad ante el mensaje de la VP: decodifican proceso de demolición. Se zambullen en expedientes. Primer semestre, Corte activa.
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No hubo pánico ni estridencias. Tampoco habrá una réplica, insisten quienes fueron consultados por Ámbito. Habrá que prestar especial atención a los expedientes. Es de uso y costumbre que la Corte Suprema, en años electorales, aproveche el primer semestre para resolver causas de impacto político y libere la agenda del segundo para abandonar protagonismo. Estos siguientes tres meses serán tensos.
Del mismo modo, se tornó irrelevante si existirán cambios o no en el Ministerio de Justicia, con una Marcela Losardo esmerilada, principalmente desde adentro. En la Corte afirman haberla visto una sola vez. Sería como cambiar de Canciller cuando las tropas se alistan para la guerra. Por eso, sufren también los eventuales aspirantes a interlocutores desde el oficialismo. Los puentes han quedado lo suficientemente dañados como para que nadie intente cruzarlos. Y eso disimula que, en realidad, ninguno cuenta con la autoridad y exclusividad necesaria para portar el mensaje de la VP. Es más, algunos se enteran de lo que ocurrirá momentos antes de que suceda. Ese lamento lo han escuchado varios jueces. Podría denominarse “síndrome Losardo”.
La certeza para gran parte del Poder Judicial es que los sacudones desde la política van a seguir. Pero hubo una sorprendente frialdad ante el fuego a discreción. Bajar el perfil y zambullirse en los expedientes fue la consigna. “No aflojar”, dominó la interpretación de la encerrona a la que supuestamente los empujó la VP. Si le dan la razón (más allá de que la tenga) puede leerse como un sometimiento a los misiles dialécticos. De ser así, se generaría una irremediable paradoja. Con alta dosis de sarcasmo, los chats comenzaron a asimilar la tesis del “lawfare” a lo que era la crotoxina en los años 90. Parecía que servía para conjurar todo tipo de males. Pero no.
La causa “dólar futuro” no es solo inviable, sino que hasta el jueves, era un partido ganado. En estos 20 días Casación tiene varios caminos para escoger: la mayor parte de ellos termina irremediablemente en la Corte. Y si hubiera una solución favorable a los imputados, el que tendrá la llave para darle efecto suspensivo es el desplazado (del Tribunal de Ética de la AFA) fiscal Raúl Pleé. Oído al pasar: “Se acordaron ahora. Chiqui (Tapia) quiere quedar bien”, opinaron sobre la remoción simbólica de Pleé solo 14 años después del comienzo de la irregularidad detectada. Arquitecto del salvavidas que todavía mantiene a flote al fiscal Carlos Stornelli, la maldad de Pleé, en la audiencia, lo llevó a apoyarse en la confirmación del procesamiento que en 2016 firmó el camarista Eduardo Farah, quien acaba de ser repuesto en su cargo. Fue un smash solo destinado a entendidos. Casi a contramano de lo que le convendría ahora a los acusados, el oficialismo prenseaba, hace tan solo dos semanas, la posibilidad de que no adquieran firmeza los fallos hasta la instancia de la Corte Interamericana. Eso sería contraproducente ahora.
Pese al impacto de lo que representó la potencia del discurso de Cristina, no hubo mala recepción en la Sala I de Casación. Incluso hubo elogios hacia la exposición de Axel Kicillof y de Miguel Pesce. En síntesis, representó que se convirtió en una final del mundo un partido de inferiores. Ya nadie se pregunta qué pasará cuando haya cuestiones realmente definitorias. Los tiempos se adelantaron.
En el cuarto piso del Palacio de Tribunales, donde aguarda un paquete de 100 recursos relativos a exfuncionarios, todos tomaron nota de lo ocurrido el jueves. Coinciden en que después del discurso del 1 de marzo y cómo cerró la semana, el kirchnerismo le picó el boleto a dos de ellos. Las chances de sacarlos a ambos o a todos dependen solo del tiempo, de los votos y de los acuerdos políticos. Pero mensuran también el costo y desgaste al que se expondrán quienes lo intenten. Eso explica la reacción distante respecto a los hechos. La dinámica de la “Corte colegiada” continúa siendo un criptograma para el Gobierno tal como lo fue para Mauricio Macri quien –involuntariamente- la empujó a esa transición y se fue sin comprenderla. Cuenta la leyenda que uno de los integrantes de la “mesa judicial” pretendía guiar por WhatsApp el sentido de los fallos. Se encontró con un frontón y eso generó el mote de “mayoría peronista” con el que los “amarillos” creían que los descalificaban. Se equivocaban. Es probable que cuatro de los cinco jueces hayan votado por Alberto Fernández.




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