El precandidatato duhaldista a la presidencia, Néstor Kirchner, acumuló anoche una suma de errores. El primero, confirmar el acto de lanzamiento en Lanús el mismo día que había estallado la relación entre los Duhalde y Felipe Solá. Después, la estética misma del acto, que puede conformar a quienes lo organizaron -el intendente local, Manuel Quindimil, un experto en llevar gente a actos para que lo apoye-, pero produce el efecto contrario en quienes ven esos actos por televisión y más si se usa la cadena oficial de TV. Son actos agresivos, donde se muestra lo menos edificante de los candidatos. Lo empeora Kirchner si usa ese recurso de dudosa eficacia para lanzar consignas como la de nacionalizar los ferrocarriles. Cuando habló de recuperar los trenes, abrió ese camino que lo aclara bien su plataforma para un eventual gobierno: recrear las empresas estatales de ferrocarriles que fueron un símbolo de la ineficiencia en el manejo de servicios públicos. Este tipo de anuncios no contribuye al propósito de un candidato que quiere ganar hoy en el país, ya que para lograrlo necesitaría del voto independiente, una franja que rechaza esos extremos de estatismo que han comprobado su fracaso reiterado.
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Las palabras tomarían forma una hora y media más tarde, cuando tras el discurso del intendente, mucha gente prefirió retornar a sus tareas: algunos sacudidos por el sofocante calor que hacía en un galpón que soportó el doble de capacidad que podía albergar. Otros, simplemente porque su presencia ya no tenía sentido.
Como forma de ratificar el compromiso del gobierno de Duhalde con la postulación de Kirchner, en el estrado estuvieron la ministra de Educación,
Al momento de hablar,
Sorprendió ver sobre la calle Weild dos autos del Senado de la Nación: un Ford Falcon y un Renault 18 con choferes de la Cámara alta y no faltaron los que ni siquiera bajaron de los colectivos satisfechos con el sándwich y la gaseosa.
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