20 de enero 2004 - 00:00

Kirchner, Bush y las impresiones erradas

En días donde no abunda la buena información, «La Nación» tituló ayer su edición: «Kirchner toma en sus manos la relación con los Estados Unidos». Que el Presidente tenga en sus manos un área o tarea específica del gobierno no es novedad; lo sería si sucediera lo contrario, que se desentienda. Es tan cierto esto como que sería gran novedad que el Presidente dejara capitalizar a otro -del Ejecutivo, políticos o gobernadores-algo que se estime logro.

Si el tema de «La Nación» fuera relleno periodístico de verano, no importaría. Tampoco si sólo se tratara de un tema ya pasado, como pudo ser la impresión de la delegación argentina al regresar de Monterrey y antes de que se evaluara correctamente lo sucedido allí, donde no dejó buena impresión el Presidente y ni siquiera fue una figura destacada, como sí sucedió con el presidente de Brasil, Lula Da Silva.

El encantamiento de Kirchner con Bush y viceversa, dice el diario: es lo que cree el mandatario argentino. Podría ser deducción de esos cronistas que suelen enviarse a viajes en el avión presidencial, que más que por lo profundo y analítico que escriben se caracterizan por los pasillos recorridos.

Este diario -consultando fuentes de ambos lados-informó en detalle de esa reunión donde Kirchner sorprendió al presidente norteamericano (comparó mal a la Argentina con Enron en el trato a acreedores, se equivocó al medir la renta de los bonos del Tesoro actual con los de 1992 cuando colocó los u$s 630 millones de la provincia de Santa Cruz que le cedió Carlos Menem, se alteró lo que paga la Argentina a organismos, que no será 3% del PBI, sino una suma fija, etcétera). Condoleezza Rice convocó posteriormente al ministro Lavagna y aclaró los datos que no pudo responder al instante en el diálogo presidencial.

• Responsabilidad

El único final de Monterrey es que Estados Unidos -también por vía de Bush-le dijo a la Argentina que será su responsabilidad si no cumple con los acreedores. Que le van a aprobar la primera revisión del acuerdo con el FMI, pero de ahí en más se pelearán las metas, aun las firmadas (como si 3% del superávit equivalía al compromiso de $ 12.480 millones). Se deben tratar las condiciones no firmadas pero «comprometidas» (situación de acreedores privados de la deuda pública), que no hay que alentar a Hugo Chávez en Venezuela, a Evo Morales en Bolivia y menos aún hacer migas con Cuba en vísperas de la elección norteamericana, donde pesa mucho el voto anticastrista.

Localmente se conoció que Horacio Verbitsky -uno de los númenes principales del gobierno-se vanaglorió de que Kirchner, finalizada la entrevista con Bush, se apresuró a llamarlo. Lo que dice «La Nación», según una fuente de la Cancillería, sobre que
«Bush y Kirchner en el fondo son dos gauchos que se van a tener confianza, aunque no vayan a ser amigos porque son parecidos» suena a una pavada, como lo otro que pretende que Kirchner sólo intenta quedar bien con el boliviano marxista Evo Morales porque «tenemos una comunidad muy grande de bolivianos en la Argentina». Una tontería. Más colectividad tenemos de uruguayos y estamos en pésimas relaciones con el vecino país.

No paran ahí las reflexiones poco serias porque también se señala como exitoso para Kirchner, aunque no se entiende la redacción, «
el compromiso asumido por el gobierno de despegar a la administración Bush de los funcionarios del Fondo. Fue un gesto bien conceptuado» (?). Sería un absurdo de nuestra Cancillería pensar que Anne Krueger no responde al secretario del Tesoro, John Snow; y a la consejera de Seguridad Nacional, Condoleezza Rice (fueron compañeras en la Universidad de Stanford). Y que Rice no responde totalmente a Bush. Fue Rice quien advirtió que «la Argentina tendrá que dar pasos difíciles» sin que se necesite decir más para que nuestro país sepa qué obligaciones internacionales tiene.

Que nuestra Cancillería interprete mal es posible. En definitiva, también atacaron a Roger Noriega por el reproche sobre la visita del ministro Bielsa a Cuba y le estimaron a Kirchner que respondía
«más como cubano-norteamericano que como funcionario de Bush» y luego averiguaron que Noriega es norteamericano de segunda generación y su origen no es Cuba, sino México.

Lo que sí es probable -más allá de estos dislates-es que Néstor Kirchner
esté mal asesorado por Horacio Verbitsky. Este ex montonero hasta 1977, cuando renunció -uno de los que jamás tuvo un día de detención y es sospechado de cómplice de los represores-, tiene la idea de que los norteamericanos son ingenuos y se remite a pruebas bastante concluyentes: desde la Fundación Ford y la CIA, ambas desde Estados Unidos, le financian el Centro de Estudios Legales y Sociales que bajo el escudo de la loable acción de preservar los derechos humanos, como tantas otras organizaciones subvencionadas del mundo, hace infiltración marxista. Para lograrlo, Verbitsky nunca ataca a Estados Unidos, ni al liberalismo capitalista (como sí hace Kirchner), ni a la globalización, ni se acerca más que en la admiración íntima a Fidel Castro pero sin exteriorizaciones visibles, como sí hace el más light Miguel Bonasso.

Es posible que Verbitsky le haya aconsejado a Kirchner explotar la simpleza ingenua de algunos sectores norteamericanos. Se pueden recibir cuantiosos apoyos acatando algunos mensajes. De ahí que Kirchner no viaje a Cuba, no atienda mucho a Chávez, diga que ayuda a Bolivia comprándole gas (en realidad, es un gran negocio, pero para la Argentina) y sostenga que Evo Morales sólo es un dirigente indigenista que cree en las instituciones, lo cual -es sabidono es cierto. Dentro de esta táctica se imagina que Bush podría enfrentar al Fondo Monetario y que éste mantendrá sin aumento el monto del superávit del acuerdo, no le fijará tope al gasto público (error del organismo por el cual Kirchner, con el repunte del ingreso externo, mantiene la cuota de superávit con el Fondo y hace demagogia interna con grandes subvenciones) y no le exigirá acordar con los acreedores privados.

Que Bielsa, Kirchner o ambos manejen la Cancillería argentina no mejorará su bajo nivel. Hoy día, la Argentina está mal vista por el presidente Carlos Mesa de Bolivia por haberse inmiscuido con el opositor Evo Morales. Tampoco Kirchner ni la Argentina son hoy queridos en Chile (ya acotamos que Lagos se niega a tutear a Kirchner, aunque éste busque halagarlo llamándolo «Ricardo»): Chile soportó la demagogia externa de la Argentina por la salida de Bolivia al mar y sus planes y formas de crecer e incrustarse en el mundo son totalmente distintos a los argentinos.

Tampoco andamos para nada bien con Uruguay a partir de que el presidente argentino considera neoliberal a Jorge Batlle, con el agregado de que éste se llevaba bien con Carlos Menem. En Uruguay también Tabaré Vázquez, del Frente Amplio, toma distancia del presidente argentino -como ya lo hizo una vez públicamente de Fidel Castro-por considerar que tantos extranjeros zurdos -y sobre todo argentinospueden espantarle el electorado moderado uruguayo y despertar un nacionalismo comprensible.

La Argentina también se aleja de Lula Da Silva. El kirchnerismo representa en la Argentina lo opuesto al gobierno de Brasil, siendo ambos de centroizquierda, pero aquí el ideal no son los socialistas europeos o Chile (sí lo son para Lula). Más aún: en la medida en que el plan de Lula triunfe, como ahora lo está haciendo, se achicará el logro argentino, muy dirigista y fundamentado en la aparición de China en el comercio mundial demandando alimentos.

Lula es primero ajuste, normalización de pagos con acreedores externos y locales,
limitación a males endémicos como las jubilaciones prematuras de empleados públicos para reducir el gasto estatal, destinar a pagos más superávit que los que pidió el Fondo, luego desarrollo, baja de tasa de interés y plan Hambre Cero.

Kirchner es al revés: primero repartir, del sector externo atender sólo pagos de organismos y no de privados, aumentar el gasto estatal en 24% (2003), destinar a pagos menos porcentual del superávit real posible, baja de tasas de interés y mantener politizados los planes asistenciales. Son modelos muy distintos. Crecer para pagar (Kirchner). Pagar para crecer (Lula).




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