La orden ya fue dada, el ejecutor es el de siempre. Néstor Kirchner lo pidió, Miguel Pichetto será el verdugo. Según el senador, el Presidente le dijo: «Yo no puedo tener un Menem en mi mesa. Por lo tanto, sácalo de la comisión de Relaciones Exteriores». Esa es la misión del «recontrachupa» (oficio que despliega en todas las administraciones), apartar a Eduardo Menem de la comisión legislativa que integró por años, casi como un decano. Dice que le cuesta cumplir: «No me olvido que alguna vez fui menemista», reconoce. En rigor, « recontrachupa» de la época.
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Lo de Kirchner contra Menem senador se veía venir: no lo invitó al viaje a los Estados Unidos, mucho menos a otros, cuando es costumbre esa participación del Legislativo con el Ejecutivo. Dolido debía estar el riojano, pues lo marginaron de cuanto evento diplomático hubo, el más notorio la última cena con el rey de España, Juan Carlos. Como se sabe, el propio mandatario se dedicó a tachar a cualquier que pudiera colarse por error de la burocracia o por deber de la democracia. Tan ciego era el odio presidencial para no invitar a un Menem que hasta postergaron al diputado de la misma comisión, también peronista, Jorge Escobar, y en su lugar arrastraron varias veces al radical Marcelo Stubrin. Que no crezca el pasto.
Esta historia explica, en parte, por qué se frenó la aprobación del Tratado de Roma. El Senado aprobará, casi seguro, en extraordinarias la implementación del Acuerdo de Roma que castiga, vía la Corte Penal Internacional, los crímenes de lesa humanidad posteriores al 1 de julio de 2002. Lo que decidieron rechazarlos legisladores oficialistases la posibilidad de que ese acuerdo tenga rango constitucional porque choca con otro convenio internacional, incorporado a la Carta Magna cuando se anularon la Obediencia Debida y el Punto Final, que declara imprescriptibles la desaparición forzada de personas y el genocidio.
Es decir que la Argentina mantendrá la firma en el Tratado de Roma que tanto interés ha despertado en Estados Unidos, que suscribió la convención en la era Bill Clinton y dio marcha atrás con George W. Bush.
En ese sentido, el gobierno de Néstor Kirchner no hará ningún guiño a Washington. Es más, el Presidente y el gabinete no intervinieron para nada en el trámite de estos proyectos y, menos aún, pidieron que se lo frenara, tal cual sucedió anteayer, por decisión del bloque PJ.
El riojano Jorge Yoma fue el promotor de suspender el tratamiento del Tratado de Roma en el recinto en la última sesión, a pesar de que se había acordado lo contrario en Labor Parlamentaria y de que Eduardo Menem -responsable de la comisión de Relaciones Exteriores y contradictor de aquél a nivel provincial-venía reclamando que se sancionara en el recinto. Desde agosto, estaba en condiciones de ser debatido.
Lo curioso es que recién hace 48 horas se devolvió el proyecto a comisión, y no a Relaciones Exteriores, sino a Asuntos Constitucionales, jurisdicción de Cristina F. de Kirchner.
A pedido de Yoma -que se opuso al Tratado cuando se firmó en 2000-, será convocado el canciller Rafael Bielsa para que fije la posición gubernamental.
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