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Rara costumbre la del Presidente de ceder espacios en actos que aunque se tilden de frívolos, definen políticas de fondo como lo son recuperar la confianza y la esperanza de un pueblo devastado. Problemas de agenda, o también de protocolo (la infraestructura haitiana no permite asistir a más de dos figuras políticas a la vez) parecen ser las razones del faltazo del Presidente a la justa del balompié.
A toda marcha se encara el reacondicionamiento del campo de juego, del césped -casi un imposible- y de las gradas de la tribuna. Ayer se sumó otro. Desde España, el general Ribeiro recibió la confirmación de que en breve llegará un batallón de infantes españoles (unos 700 hombres) y una fracción de marroquíes. La llamada entró directa a su teléfono del comando de la Minustah, cuyas oficinas ocupan la embajada de Brasil en Haití. Se diría que el gobierno de Zapatero no quiere estar ausente en esta oportunidad de recrear la influencia de Iberoamérica en el continente.
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