Sumado ya a la escola oficialista, el sindicalista de los empleados públicos Víctor De Gennaro tendrá oficina en Casa de Gobierno y se suma a las comitivas presidenciales, especialmente, cuando esté cerca Lula Da Silva, viejo compañero de ruta.
"Si alguien se opone al gobierno, algo tiene que perder, ¿no?". Esa moraleja -llamémosle así- suele repiquetear en los labios de los funcionarios y dirigentes que forman el círculo más estrecho de Néstor Kirchner. Se aplica en distintos campos pero el ejemplo más reciente puede ser el del sindicalismo. Este fin de semana, el Presidente repuso en la escena a Víctor De Gennaro, sindicalista de los empleados públicos que se agrupan en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y que dirige la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Fue a propósito de la visita de Luiz Inácio Lula Da Silva, de quien el gremialista estatal argentino es amigo desde hace años. De Gennaro visitó El Calafate como miembro de la comitiva oficial y será uno de los lazarillos del Presidente en la próxima reunión de la Inter-nacional Socialista, que se celebrará en Rio de Janeiro.
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Tal vez el caso de De Gennaro no sea el que mejor verifica aquella ley tácita del oficialismo sobre premios y castigos: el sindicalista fue atendido a cuerpo de rey en El Cala-fate, a pesar de que su representante en el PAMI, Luis Grimaldi, fue acusado por el titular de ese organismo, Juan González Gaviola, por haberle impuesto una especie de secuestro durante cuatro horas en un «apriete» sindical. ¿Habrá defendido Kirchner a Gaviola frente a su huésped gremialista, como lo defienden habitualmente algunos de sus funcionarios delante de los periodistas?
Por un momento, pareció que la mejor hora de De Gennaro había pasado pero, en El Calafate -valga la paradoja-, lo descongelaron. Es cierto: este representante de los empleados públicos se ufanó de su amistad con Lula y hasta soñó por una noche con su propia candidatura presidencial hasta que el presidente brasileño llevó adelante un ajuste en la estructura del Estado que hasta a Fernando Henrique Cardoso le pareció excesivo. En especial, en lo referido a la reforma previsional. Prudente, De Gennaro se llamó a silencio: no se definió en favor de los trabajadores estatales de Brasil pero tampoco insistió demasiado con su identificación lulista.
• Desplazamiento
En la Argentina le fue igual. En los primeros días del kirchnerismo, fue el contertulio sindical más frecuente que tuvo el Presidente. Superó en esa familiaridad hasta a Hugo Moyano, convertido ahora en «el gremialista de la corona» (cariñosamente, al camionero lo llaman el «recontraalcahuete» de Kirchner, como se autotituló Luis Barrionuevo en los '90 para explicar su relación con Carlos Menem). De Gennaro perdió de a poco el calor oficial, sobre todo desde que el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, les prometió a los «gordos» de la CGT, en Ginebra, que no le concedería la personería gremial a su CTA, lo que hubiera significado una verdadera revolución en la organización sindical argentina.
De Gennaro revivió en el Sur, y no solamente viajará con el Presidente a Rio dentro de 10 días. También será el interlocutor principal del gobierno en materia de empleo público. «Quien está en contra algo tiene que perder», se repite el razonamiento: Andrés Rodríguez, «el Centauro», dirigente del otro sindicato de trabajadores estatales, la Unión del Personal Civil de la Nación, no sólo fue menemista en los '90 sino que se convirtió en el principal sostén de Mauricio Macri en la pelea porteña contra Aníbal Ibarra. Por eso se felicitaban entre De Gennaro y el alcalde en el vuelo hacia Santa Cruz, a pesar de que -secretamente-el jefe de Gobierno siempre prefirió en ATE a Germán Abdala, fundador del Grupo de los 8 (germen del Frepaso).
Kirchner suele disimular su conocimiento en materia gremial. Pero es un experto. No sólo su cuñado, Armando «Bombón» Mercado (casado con su hermana Alicia) es un histórico del SUPE patagónico y figura central de la ortodoxia vandorista en esa región. Su suegra, Ofelia de Fernández, fue toda su vida militante de AERI (trabajadores del Ministerio de Economía y Rentas de la provincia) y hasta lo introdujo a él en ese sindicato en sus tiempos de empleado, cuando lo controlaba Fotios Cunturis. Sin embargo, al expandir la participación de De Gennaro en las negociaciones con el gobierno, tal vez come-ta un error: este sindicalista católico, padrino del «piquetero de Su Majestad» Luis D'Elía, tiene fama de duro. No sólo su subordinado Grimaldi fue acusado por el interventor del PAMI. También él quiere cambiar algunas costumbres en el escalafón del Estado, donde se desaprovecharían algunos recursos humanos. En ATE mencionan, como caso testigo, a un tal Eduardo Fasola, que es contratado como consultor en la Jefatura de Gabinete pero después lo tendrían haciendo tareas de chofer.
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