Kirchner les resta fondos a "gordos" para piqueteros
Se resignaron como pocos a que desde Olivos les retiraran el saludo. Agasajaron al único funcionario que los atendió, el secretario de Cultura (una ironía), Torcuato Di Tella. Pero ayer los "gordos" de la CGT estallaron cuando advirtieron que el presupuesto destinado a sus obras sociales había sido recortado en $ 80 millones. Lo decidió Néstor Kirchner para abultar la partida de planes sociales, destinados en general a los mayores adversarios de los sindicalistas: los "piqueteros", que ahora dominan la calle. Rodolfo Daer y los suyos se juran combatir pero temen, por su mala imagen, a un gobierno con popularidad. Además, el ministro de Trabajo amplió la representación de Hugo Moyano, el sindicalista del Presidente, a actividades colindantes a la de camioneros (depósitos de mercaderías, etcétera). Por si faltaba algo: al PAMI iría un socialista, el rosarino Hermes Binner, en reemplazo del desgastado Juan González Gaviola. ¿Se inicia una guerra?
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• Combatividad
La primera víctima de la inquietud fue Ginés González García, un ministro al que tenían como «propio» pero que terminó disimulando el recorte de las partidas (apenas avisó, de manera muy genérica, a su amiguísimo West Ocampo). Pero ayer los «gordos» se prometían una actitud más combativa no sólo ante González García sino contra el mismo Kirchner. «Aunque primero vamos a agotar la discusión en el Congreso», aclaró uno de ellos, como si hubieran transformado la CGT en una cámara empresaria con escasa «pegada» política.
Al mismo tiempo en que se debatían en la desgracia de su «caja», Tomada le abría a Hugo Moyano la tranquera de varios sindicatos, entre ellos el de alimentación y el de empleados de comercio, admitiendo que pase a representar también a trabajadores de depósitos y «logística». El ministro de Trabajo avanzó en ese homenaje al camionero, por más que empresas como Carrefour o Arcor le hicieran llegar su inquietud. Es lógico: Tomada sabe que Moyano goza de «fueros» ya que es el único dirigente sindical -y acaso el único dirigente, a secas- que conoce el número del teléfono celular de Kirchner. El Presidente, celoso del control de la calle y del tránsito por las rutas, teme especialmente los arrebatos del camionero Moyano, al parecer más agresivos que los suyos. Tomada, mientras tanto, gasta lo que quedó del crédito que tenía con sus antiguos empleadores, los sindicatos más ortodoxos de la CGT, que lo tuvieron siempre como abogado. El ministro sufre, confiesa a sus viejos amigos sindicalistas que a veces se siente maltratado por su jefe y sueña con la transferencia hacia la oficina de la hermana Alicia de los conflictivos planes Jefas y Jefes de Hogar, que él administra a desgano y con temor.
El cambio en la conducción del PAMI completó el día nefasto. Es cierto que los gremialistas valoran que González García permanezca en Salud: «Por lo menos avisa cuando nos van a hacer algo», se consuelan cuando piensan en el ministro (al que cariñosamente llaman «Doctor Ahorro»). Por eso el desvío de Binner hacia el PAMI les resulta tolerable. Sin embargo, se alejan cada día más de compartir la conducción de esa obra social gigantesca, imaginada para aliviarlos a ellos del peso de los mayores consumidores de salud, los ancianos.
Por lo menos les queda el consuelo de la caída de González Gaviola, el cuñado de José Octavio Bordón, quien está a punto de dejar el instituto por el peso de las denuncias sobre contrataciones onerosas de colaboradores y por la sospecha de que podrían aparecer otras sorpresas, ligadas a sus presuntas actividades inmobiliarias en su Mendoza natal.




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