Las gentilezas entre Cristina de Kirchner y Julio Cobos en el escenario del Luna Park no
replican en ningún otro lado. Néstor Kirchner lamentó que sus compañeros peronistas hayan
maltratado tanto a los concertados radicales en ese lanzamiento de la fórmula del partido
del gobierno.
«Es el folclore...», garabateó José Luis Gioja, el más histriónico de los gobernadores al cantar la «marcha peronista», hit que el martes inundó tres veces el Luna Park, en el lanzamiento de la fórmula K, promocionada como concertación plural.
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Tibia, como si se trata de una estudiantina, la disculpa de Gioja fue la única autocrítica por parte de un dirigente relevante del PJ por los persistentes gritos y silbidos de las tribunas ocupadas por el peronismo K ante la mínima referencia al radicalismo.
Pero el brote anti-UCR que estalló durante el show encabezado por Cristina Fernández y Julio Cobos, generó malestar en el matrimonio presidencial. Otra sombra, menor comparada con el «valijazo», que cayó sobre el acto de oficialización de la fórmula K.
En la Casa Rosada y entre radicales K se desparramó la señal de incomodidad de la primera dama que mientras elogiaba a Kirchner por haber «invitado» a un sector radical a integrar un mismo espacio político, desde las gradas abucheaban todo lo que olía a UCR.
«Cristina quedó muy disgustada con lo que pasó», se admitió ayer desde gobierno. Sin embargo, el primer alerta del cristinismo fue puntual y orientado a palpar si el clima -según Gioja «folclórico»- antirradical que sacudió el Luna Park se había percibido a través de la TV.
El malestar, se explicó, fue por el claro matiz entre lo que la candidata proponía desde el escenario -habló de la unidad y destacó la concertación entre partidos distintos- y las reiteradas apelaciones contrarias, individuales o en tropel caídas desde la tribuna.
Diferencias
También Kirchner -según el relato de fuentes oficiales- expresó su fastidio por la reacción de las barras y se lo hizo saber a dirigentes partidarios. «Pero hay que separar las aguas: una cosa es el peronismo y otra el PJ», detalló, ayer, un operador con oficina en la Casa Rosada.
Desde ese despacho surgió el alerta máximo.
- «Hace dos meses, la orden de algunos sectores del PJ es copar los actos. Eso fue lo que hicieron el martes y lo que van a tratar de hacer durante la campaña», advirtió un armador del raid Cristina Presidente.
- «¿Es para 'peronizar' a Cristina o es un desafío?», se lo consultó.
- «Estuvo armado: no fueron doscientos loquitos que actuaron por las suyas. Es para apretar porque ahora empieza la discusión por las listas.»
El tono desafiante, en teoría planificado, explicó para algunoshombres del FpV los enredosy cierta desprolijidad del discurso de la primera dama.
¿Hay algo más? ¿La hipotética avanzada para imponer, por la fuerza, color peronista en una descafeinada y europea campaña de la primera dama, debe leerse como un mensaje a futuro? Desde el PJ oficial lo niegan y atribuyen el griterío a «ansias de protagonismo» de unos pocos dirigentes.
Un dato objetivo, frío: el mayor ruido partió desde el ala derecha, donde se apiñaban militantes identificados con Julio Alak, Manuel Quindimil, el lomense Jorge Rossi y Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, y donde también había banderas de la CGT.
«Decí peronismo, decilo», se impuso un vozarrón, con tono de reclamo, cuando la senadora se refirió al «partido en que milité toda mi vida» sin hacer la mención literal que, en cambio, eligió cuando habló de radicalismo, partido del que proviene Cobos. El mendocino lo padeció en directo. «Construir -avanzó en su discurso-el país que soñaron nuestros próceres: Bolívar, San Martín...»
- ¡Perón!, lo cruzaron desde la tribuna.
- «Sí, sí... Perón, Yrigoyen, Balbín», concedió el candidato a vice, pero tuvo que soportar la rechifla que siguió a los nombres de los dos dirigentes históricos del radicalismo.
Siempre sonriente, Cobos, al igual que los demás gobernadores del radicalismo K, y los escasos doscientos militantes de ese sector que consiguieron «pase» para ingresar al Luna, portando unos modestos banderines rojos y blancos, hicieron un rápido curso de estoicismo.
De hecho, en tres ocasiones se cantó la «marchita».
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