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8 de agosto 2005 - 00:00

Kirchner, ¿neoliberalismo pero con rostro combativo?

Uno de los temas más pedidos por el público es cuando la izquierda criolla -club al cual ha pedido la afiliación Néstor Kirchner pero no se la dan- descalifica al gobierno por su doble discurso. En una nota editorial que publica el órgano periodístico de esa liga que integran el Movimiento Socialista de los Trabajadores y lo que queda del viejo PC reflotan el lema «Neoliberalismo con rostro combativo» en los términos que siguen.

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¿Cuáles son los pilares del modelo que se viene aplicando en el país desde hace 30 años? En primer lugar, la estafa de la deuda externa. Un endeudamiento permanente a tasas de interés que triplican y más las internacionales. Con fondos que no son destinados al desarrollo productivo del país sino a la especulación financiera donde los que hacen los negocios son los bancos y unos pocos oligarcas locales y extranjeros. En segundo término, la baja constante del nivel de vida del pueblo trabajador. Provocando una enorme transferencia de los sectores más desprotegidos a los más poderosos.

Los instrumentos son los salarios a la baja y la destrucción de conquistas históricas de los trabajadores. Creando al mismo tiempo un enorme ejército de desocupados que se ha vuelto permanente. Y en tercer término, la entrega del capital social acumulado por decenas de generaciones de argentinos por medio de las privatizaciones.

Desde los recursos naturales, como el agua, la minería, el petróleo, el gas, etcétera, hasta los servicios públicos elementales como los caminos, teléfonos, energía, ferrocarriles, transportes. Pasando por el desguace de verdaderas industrias de punta, como la fábrica militar de aviones de Córdoba, primera productora latinoamericana de la tecnología de aviación hasta el desmantelamiento del plan Cóndor, una avanzada en la investigación espacial. Todo esto pasó a manos privadas en un mecanismo típico de los «espejos de colores». Fueron pagadas por bonos sin valor de una deuda externa impagable.

Estas bases fueron consolidadas por la década menemista, pero no empezaron allí. La dictadura, apoyada en la tortura, desaparición forzosa, asesinato y robo de más de 30.000 argentinos, sentó los pilares para tratar de aplicar los planes económicos diseñados por el FMI.

Ya entonces Rodolfo Walsh mostraba para qué había llegado el Terrorismo de Estado. La dictadura cayó, pero antes de retirarse dejó las bases de lo que luego se llamaría neoliberalismo. Una deuda externa de 45.000 millones de dólares, una desocupación cercana a 10 por ciento, salarios que habían perdido más de la mitad del poder adquisitivo. Que fue creciendo a medida que pasaron los nuevos gobiernos. Todos aplicando la misma receta. Explicadas por los mismos argumentos. Y ya no a punta de bayoneta sino de engaño y estafa política, se profundizaron las penurias de nuestro pueblo. El Argentinazo de diciembre de 2001 vino a patear el tablero de este modelo de dominación. El cínico aplauso en el Parlamento nacional a la declaración de no pago de la deuda, hecho por el efímero Rodríguez Saá, fue realizado por los mismos que hace poco aplaudieron el acuerdo con los bonistas extranjeros, que de hecho no significa ninguna quita, sino volver a pagar con intereses incluidos. La tarea a la que se abocaron Duhalde primero y Kirchner en estos dos años fue fundamentalmente «normalizar» el pago de la deuda externa. Son los dos gobiernos que más han pagado en efectivo al FMI en los últimos 20 años.

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