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Clima amistoso, jovial como hace tiempo no se vivía en ese lugar antes tan caracterizado por los guardaespaldas. Viejas historias peronistas entre ellos y un saldo interesante para el futuro:
. El ministro no manifestó demasiado interés por la reunificación de la CGT de los «gordos» con el grupo de Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios. Para él y, naturalmente, para Kirchner, esa es una decisión de los sindicalistas. No quiere interferir y mucho menos impulsar esa alianza. Parece que hubo un cambio de la idea lanzada hace apenas 15 días.
. No fue propicio para Moyano el diálogo entre las partes. Se reconoce que cierta prepotencia del jefe camionero (con el caso Carrefour y por la recolección de la basura en la zona norte de Buenos Aires) afecta el trato con la sociedad. En eso, los «gordos» se reconocen más prudentes y tímidos. De Vido, al respecto, consignó que cae mal el patoterismo, eran formas viejas de hacer gremialismo. Aun así, él no habla demasiado mal de Moyano: finalmente, hombres del sindicato camionero están en el área de Transporte que regentea el ministro. Y nadie cree que sea a su disgusto.
. Otro tema fue la reforma laboral que, coincidieron, empezarían a tratarla en la CGT a partir de marzo. Mucho sobre esa reforma no sabe De Vido, pero seguramente se interesará hasta que se vea cuál es el rol de Carlos Tomada, el ministro de Trabajo.
. Uno de los temas más caros a los «gordos», el PAMI, también dominó parte de la charla. Tuvo que admitir De Vido que el ahijado de Alberto Fernández, Juan González Gaviola, no produjo en ese instituto -al igual que un preferido de los sureños, Granero-una gestión recomendable. Música para los oídos sindicales, quienes se abalanzaron sobre González Gaviola como si ya fuera un cadáver. Para evitar el obituario, De Vido negoció una postergación de la intervención por 90 días más. A cambio, como siempre ocurre en este tipo de negociación, les concedió el reclamo de que los próximos dos directores gremiales en la obra social de los jubilados provendrán de los « gordos».
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