Unos dicen que Eduardo Duhalde apoya a Néstor Kirchner sólo como presidente de los argentinos. Es decir, ya no lo considera miembro de una alianza justicialista, menos como un socio personal. Se distanció o lo distanciaron. Otros, más intemperantes, aseguran que pasó el tiempo de las mieles bonaerenses y santacruceñas, empezó la guerra interna del PJ. Que viene a ser, por representatividad partidaria, casi una guerra entre los propios argentinos. Son éstos quienes recuerdan los últimos días y puntualizan:
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• Eduardo Duhalde, que es un diplomático argentino (aunque no lo parezca y tenga un cargo suprapaís), ya manifestó su disgusto con los jueces que persiguen a Carlos Menem e implícitamente dejó traslucir que esos magistrados hoy responden a la Casa Rosada al igual que en el pasado respondían a otro mandante. Nadie le respondió, ni siquiera Aníbal Fernández, siempre atento al micrófono para defender a su nuevo jefe, algo así como alcanzarle una manzana todos los días.
• Duhalde siguió con juicios indigestos, lo que hoy para Kirchner es más dañino que para cualquier ciudadano común. Sostuvo que la Argentina no es un país confiable para los inversores. Nadie tampoco le respondió, ni el ya oculto Fernández ni alguien que presuntamente podía ser afectado, Roberto Lavagna. Se comprende lo del ministro de Economía: habla tanto y tan seguido con el bonaerense que esas palabras hasta podrían pertenecerle.
• Se comenta que el hombre de Lomas también, frente a Kirchner, puso en tela de juicio el juicio de Hebe de Bonafini (en rigor, una devolución de agravios). Ni en ese corazón de la Presidencia le contestaron, cuando -como se sabe-ésa es una cuestión de convicciones y al que los objeta lo convierten en un execrable. Ni siquiera Carlos Zanini, el funcionario que aburre a todo el mundo exhibiendo como una medalla que a él «los militares lo tuvieron presodurante tres años» (a Carlos Menem, 5, como a Lorenzo Miguel).
• Casi anecdóticas, si se quiere, otras declaraciones. Uno de los diputados más cercanos al jefe bonaerense se la tomó con Cristina Kirchner -dama que eriza, como se sabe, la sensibilidad provincial-y le dijo que, en lugar de investigar a Buenos Aires, había que investigar a Santa Cruz. Para él, en ese territorio tan lejano, impera el «far west» con una corte adicta, crímenes y accidentes sin esclarecer y con dineros desaparecidos por los que nadie hace marchas. Habrá que incluir en esto el último reportaje de Chiche Duhalde, tan claro en su protección legal a Menem (¡ella!, sí) y específicamente opuesta a la política de derechos humanos de la Casa de Gobierno.
• En el medio, como si no tuviera importancia, desde la Rosada impulsan enjuiciar a más de un intendente bonaerense y, en oposición, éstos plantean que deben ser inmutables en sus cargos. No es lo único, ya que la principal diferencia entre las partes pasa por los fondos: Duhalde -y ya se lo exigió a Felipe Solá- quiere más porcentaje por coparticipación para la provincia, mientras Kirchner quiere arbitrar el superávit a su gusto.
Todo esto era posible imaginarlo sin que, desde el gobierno, nadie replicara. Sintomático silencio de Kirchner & Cía. Toda una sorpresa. Aunque la sorpresa también proviene de quien ahora habla y, hasta hace poco, se mordía la lengua ante cualquier episodio. Algo cambió y, por lo que se imagina, todavía falta que venga lo mejor.
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