5 de diciembre 2000 - 00:00

La Alianza sigue sin escarmentar

Las versiones golpistas que circularon paralelamente a la reciente reunión de IDEA se esfumaron en forma tan rápida como sorprendente. La actividad conspirativa, que se atribuyó a Ruckauf para voltear a De la Rúa o provocar al menos el alejamiento del Frepaso del gobierno en beneficio de Cavallo y del PJ, concluyó cuando el gobernador de Buenos Aires puso la firma junto con sus colegas peronistas y en especial con De la Sota, en el llamado pacto fiscal, con la sola abstención del santacruceño Kirchner.

El pacto era una de las exigencias del FMI para conceder el famoso «blindaje» financiero que preservaría a la Argentina de la cesación de pagos.

En realidad, al congelar las transferencias de dinero que el gobierno nacional debe realizar a las provincias en concepto de coparticipación federal, ese pacto apunta a dos objetivos: uno, ampliar el margen para que el gobierno nacional pueda renovar el financiamiento de la banca internacional; dos, obligar a las provincias a privatizar todo lo que tienen y a destinar lo que recauden por ello al pago de la deuda que tienen con bancos locales y del exterior por un monto total que oscila en los 20.000 millones de dólares. Según coinciden varios diarios, los gobernadores peronistas se plegaron con esa firma a una presión que sin desembolso ejercieron sobre ellos el Banco Mundial y el Banco Interamericano, que los amenazaron con cortarles las líneas de crédito, en especial a Ruckauf y a De la Sota. También ejercieron su propia presión las fundaciones Mediterránea y Nuevo Milenio, ambas de cuño cavallista. Ruckauf sintió, de repente, que el que se encontraba en cesación de pagos era él más que De la Rúa, y amenazado, además, de quedar sin refinanciación para la abultada deuda pública que ha acumulado la provincia de Buenos Aires.

En menos de lo que canta un gallo, entonces, quedó claro que la banca internacional y buena parte de la local no alentaba la conspiración de Ruckauf, sino que por el contrario, apoyaba con todos sus recursos al desteñido De la Rúa. Algunos días después, el gobernador bonaerense aún seguía en retirada, como lo demostró cuando no cumplió con un prometido apoyo a la olla popular que Moyano había organizado frente al Congreso en la iniciación de la huelga de 36 horas. Moyano, en respuesta, volvía a romper con Ruckauf y el muy hablado frente nacional encabezado por el gobernador volvía a abortarse en la fantasía de sus promotores. Este rápido desplazamiento del centro de gravitación de la política nacional de un polo al otro de otros sectores patronales, pasó desapercibido para la opción pública y para los comentaristas políticos. Pero el hecho no es menor, porque puso de manifiesto claramente que el peronismo no es alternativa política en la presente crisis y, que en medio de la cesación de pagos y de la huelga nacional, la opción más adecuada que disponen los banqueros es la propia Alianza, o para decirlo mejor, la necesidad de que el Frepaso continúe en el gobierno. O sea que el Tesoro de los Estados Unidos sigue siendo centroizquierda.

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