León Arslanian, Rodolfo Barra o, a la distancia, hasta Carlos Corach figuran en el imaginario político como los gestores de la reinterpretación constitucional que convenció a Felipe Solá de que podía pelear por un tercer mandato, luego de haber sido vice, heredar a Ruckauf y ser electo en 2003.
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Es cierto que hubo por aquí y por allá, consultas con varios juristas y constitucionalistas para sondear esa chance. Nunca, sin embargo, se mencionó a un hombre de la Justicia que no sólo sería quien «detectó» el atajo para ilusionar a Solá sino que, además, tendría una tarea clave en el futuro mediato.
Se trata de Daniel Soria, juez de la Suprema Corte de Justicia de la provincia, magistrado de La Plata, uno de los últimos en asumir en el tribunal. En la Justicia se lo sindica como el «autor intelectual» de la interpretación pro Solá.
Quienes lo frecuentan lo despegan. Dicen, incluso, que Soria tiene una posición firme y clara sobre la tarea de la Corte en estos temas al afirmar que, a su entender, el tribunal no puede ni debe interpretar en materia electoral y que ese aspecto corresponde a la Junta Electoral.
El momento en que Solá pedirá que se analice sus chances de ser candidato una vez más es una incertidumbre. En La Plata advierten que el «escrito está preparado» para, con urgencia razonable, hacer la presentación. «Pero cuándo será el momento sólo lo sabe Solá.»
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