María Cristina Picón tenía 26 años en el momento en que se quedó viuda y sin su hija de tres años. Buena parte de la siguiente década la dedicó a cuidar la salud de María Fernanda, la mayor, que había quedado gravemente herida y requirió de ocho intervenciones quirúrgicas.
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En 1975 nació Luciana, la niña que esperaba en el momento del atentado. «Siempre digo que fue como el Martín Fierro, creció sola, porque yo me la pasaba atendiendo a Fernanda». La vida de María Fernanda pendía de un hilo. «Era una vela que no se tenía que apagar, y no se apagó», cuenta con orgullo.
En ocho años, la niña, que tenía cinco en el momento de la tragedia, sufrió ocho operaciones reparatorias del cráneo que, como estaba en crecimiento, requería cambios de prótesis.
En 1977, María Cristina Picón se volvió a casar. Sobre su actual marido -mecánico de autos-dice: «El se enamoró de una familia, no sólo de una mujer». Se fueron a otro pueblo. Lejos de Tucumán. María Fernanda, hoy de 37 años, es docente y a su vez tiene un varón y una nena. El nuevo matrimonio tuvo una hija, la cuarta para la viuda de Viola.
María Cristina dice que su familia y Tucumán fueron «el palenque» al que se ató para seguir viviendo. Pese a que en un primer momento le ofrecieron un traslado a Buenos Aires, desde el vamos quiso seguir el tratamiento de Fernanda en su provincia natal, «cerca de los abuelos Picón y Viola», explica.
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