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Según la orden que les dio ayer Eduardo Duhalde a sus ministros apenas regresó al país, el viaje que hará desde el miércoles Jorge Remes Lenicov para darle el último hilván al acuerdo con el FMI debe hacerlo con un proyecto ya presentado en el Congreso.
El viernes pasado, los diputados Jorge Matzkin y Miguel Angel Toma rindieron la última trinchera en defensa de la «ley Clarín» -que votó el Congreso a pedido del gobierno apenas asumió Duhalde- y admitieron que esa norma debe desaparecer porque disuelve cualquier posibilidad de que exista un sistema bancario. La norma que se votó posterga los efectos judiciales de las quiebras y además deroga el sistema del «cram down», por el cual los acreedores podían hacerse con la empresa de sus deudores como pago de las deudas insatisfechas.
El argumento que ese grupo empresario esgrime en defensa del proyecto logró que el gobierno de Duhalde la presentase como imprescindible para impedir que hubiera una catarata de desnacionalizaciones de empresas en default en manos de sus acreedores.
En el transcurso de la cena, convocada para repasar la agenda del viaje que concertaron Walsh y su par argentino en Washington, el embajador de los Estados Unidos les expuso a los invitados que en su país no se conciben sistemas jurídicos que impidan la destrucción creativa del capitalismo. Si una empresa anda mal, no puede pagar sus deudas pero es viable, hay que dejar que sus acreedores puedan invertir en ella y sacarla adelante. Y si la empresa es inviable, no tiene por qué seguir existiendo.
La posibilidad de que se dieran esos procesos de inversión en empresas en default pero viables en el mediano y largo plazo sería, según la óptica que presentó el embajador, la mejor señal hacia el exterior de la reactivación en la Argentina. Si se percibe, remató, desde afuera que es una posibilidad de invertir en la Argentina, eso multiplicaría el proceso.
Las miradas recayeron sobre Matzkin y Toma, reconocidos como los últimos defensores de esa iniciativa. Los dos admitieron que la Ley de Quiebras es inbancable para los Estados Unidos y los organismos financieros y que ése era el mensaje que repetirán desde hoy en Washington.
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