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P.: ¿Cómo considera que se desempeñó el juez Rossi?
A.L.: Hay una cantidad minúscula de jueces que está capacitados para llevar adelante un estudio pormenorizado de una ejecución penal propiamente dicha. No es por falta de capacidad de los magistrados solamente, sino por falta de cantidad de jueces. En la Ciudad hay 3 jueces de ejecución penal para todas las cárceles federales de Buenos Aires (Marcos Paz, Devoto, Sierra Chica) entonces cada tanto escapa una resolución que no está acorde a lo que la sociedad pide. Más allá de eso, un juez de ejecución, para casos como el de Wagner, debería tener una mirada mucho más precisa y el caso bien estudiado en particular. No es lo mismo dejar en libertad a una persona que cometió una violación, sobre todo cuando los diagnósticos del Servicio Penitenciario dieron negativos, que a un pibe que se robó un sándwich en una esquina.
P.: ¿Hay que entender que se trata de un problema sistémico y no personal?
A.L.: Totalmente. Hay una falla del sistema en relación a la cantidad de legajos que tienen los jueces y la cantidad de magistrados. Es inversamente proporcional. Tiene que haber un programa amplio donde se discuta las raíces del conflicto; hay que ponerse el equipo al hombro y no venderle pescado podrido a la gente. Que un juez diga que puede prevenir una futura violación, solamente lo puede hacer en tanto y en cuanto neutralice a la persona que está encarcelada, es decir, que no salga más. Teniendo en cuenta las recomendaciones del Servicio Penitenciario, Rossi se compró un problema. Algo se debe hacer con gente como Wagner, pero no es el delito penal quien va a aportar la solución, de eso estoy convencido.
P.: ¿Cómo analizan desde el Observatorio las coberturas mediáticas de casos como el de Micaela?
A.L.: Hay un dato objetivo: matan a una chica cada 18 horas. Eso tiene que ver con un problema cultural. El enfoque de los medios tiene aristas positivas, como poner en relieve una problemática que es que a las mujeres las matan; la arista negativa es la de diferenciar los casos según la raigamen social de la víctima. La violencia machista tiene una cuestión que se dirime por estamentos sociales. La diferencia entre una chica de clase baja y una de clase media, es que la segunda tiene los recursos para salir de esa situación mucho más rápido que la primera. En los sectores más vulnerables la violencia se sufre mucho más. Lo negativo, mediáticamente, es que muchas veces se hace foco en la víctima, en la violencia per se, y no en el problema cultural.
P.: ¿Qué papel juega la Policía en la problemática de la violencia de género?
A.L.: Las violaciones o la violencia de género no constituyen un delito de calle, suelen suceder intramuros, no es un escenario que un policía pueda prevenir. En cambio, desde el Estado se puede concientizar: crear refugios para las mujeres golpeadas, hablar mucho desde los medios y las redes sociales, me parece que ese es el rol más digno que puede tener el Estado que, además, debe procurar que estos casos se resuelvan con mayor celeridad.
P.: Entre 2011 y 2014 trabajaste como asesor del Ministerio de Seguridad ¿Qué balance hacés del desempeño de esta cartera en la actualidad?
A.L.: Del Gobierno destaco que exterioriza lo que pretende, incluso en materia de política criminal con el Ministerio a la cabeza. Su pretensión es disciplinar la protesta social ante escenarios económicos adversos, sobretodo en la Ciudad y en la Provincia que son los lugares más conflictivos o más visiblemente conflictivos del país. Por eso se nutre a las fuerzas de seguridad de mayor equipamiento. No creo que se apunte a otro tipo de política que no sea la de aggiornar su movida económica a lo que desea en la calle. Cuando actúa la fuerza se acaba la palabra.
Observatorio de Política Criminal: http://www.observatoriodepoliticacriminal.com/




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