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19 de febrero 2008 - 00:00

La UCR decide su destino ahora en los tribunales

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El radicalismo entró ayer en un territorio al que teme desde el año pasado:una posible intervención judicial. Esta vez, el conflicto surgió donde menos lo esperaba el jujeño Gerardo Morales. Un afiliado, Aronoldo Minotti, se presentó ante María Romilda Servini de Cubría para que la jueza declare nula la convocatoria a ratificar las afiliaciones partidarias que lanzó hace una semana la mesa de conducción del comité nacional. Morales había conseguido aprobar ese paso previo a la presentación de cualquier candidatura para filtrar a los kirchneristas: la reafiliación comprende declararse opositor al gobierno.

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En el amparo, Minotti sostiene que el requisito de reafiliación es « manifiestamente inconstitucional, ilegal, arbitrario y carente de todo sustento jurídico. Cualquier afiliado radical puede creer que los objetivos de su partido están siendo llevados a cabo por un gobierno de otro signo político, y que por ende el deber del buen radical es acompañar esa gestión», dice inocentemente el escrito.

Pero en realidad la presentación incluyeun duro cuestionamiento legal a la conducción partidaria que, por primera vez, le abre la puerta a la Justicia para intervenir en el conflicto radical: «Cuán poco democrático puede ser un partido cuando la mera falta de coincidencia con el presidente y su mesa directiva de ocasión significa la desafiliación, si ésta es la sanción que se tiene en mente para quien no jure oposición al gobierno».

De ahí a cuestionar la presidencia de Morales hubo sólo un paso: «Ocupa un cargo partidario por tercer período consecutivo, en abierta violación a la carta orgánica», dice el escrito.

Mientras, se multiplican las negociacionesentre radicales K e históricos, y desde la Coalición Cívica, Margarita Stolbizer parece no estar dispuesta a dar tregua al alfonsinismo bonaerense. Según ella, parece que el radicalismo está en cualquier lado menos en la UCR oficial.

El cordobés Mario Negri ya no oculta su interés por cerrar un acuerdo amplio con Elisa Carrió y el socialismo. La única solución que encuentra es reconstruir el radicalismo junto a la Coalición Cívica y el socialismo: «No niego las coincidencias que podamos tener con esos espacios», dijo ayer; «el radicalismo necesita salir del infierno, de mirarse en el ombligo y estar llorando como una mujer despechada. Es más fácil reconstruir una fuerza que hacer una nueva».

Para el comité nacional, esa posición del cordobés no es nueva, ni siquiera Carrió ocultó en los últimos tiempos que mantenía conversaciones con Negri.

  • Conformismo

    Mientras tanto, ayer comenzó a circular por el comité nacional de la UCR una versión remixada de las negociaciones que mantuvo Enrique Nosiglia con los radicales K poco después que el gobierno anunciara el acuerdo con Lavagna. Se conforman ahora con la idea de que «Coti» no continuará avanzando en ese camino para no facilitarle al gobierno el copamiento de la UCR.

    Para muestra de esa armonía interna que se pretende reavivar, el viernes pasado Morales se mostró en el comité nacional junto a Juan Nosiglia, presidente de la Juventud Radical e hijo del ex ministro de Raúl Alfonsín en una reunión junto a la delegación de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas.

    No alcanzó para calmar los ataques externos. Margarita Stolbizer, que hoy presentará junto a Carrió su plan de seguridad para la provincia de Buenos Aires, siguió en su intento de arrastrar radicales descontentos. «Nadie mejor que Carrió para expresar los principios de la UCR», dijo, «los radicales K le vendieron el alma al diablo».

    No es la única. Aunque con un lenguaje Vaticano, los alfonsinistas del Modeso de la provincia de Buenos Aires también emitieron su documento. Se reunieron en el Círculo de Ex Legisladores Nacionales con el padrinazgo de Leopoldo Moreau y consiguieron llevar a algunos diputados nacionales como Sandra Rioboo y Vilma Baragiola. Junto a ellos, Cecilia, la hija de Moreau, el intendente de Brandsen, Carlos García, y otros dirigentes declararon «la necesidad de que el radicalismo evite el falso dilema de ser arrastrado por el oficialismo o de adherir a cualquier modelo de oposición. La Argentina no puede debatirse entre el peronismo y el antiperonismo, porque sería un retroceso, y por supuesto, menos aún, quedar atrapada en el engranaje de un partido único». Hasta allí, el mensaje no parecía demasiado claro y al final del documento terminaron de oscurecerlo: «Los que reclaman legitimidad para la conducción partidaria a la vez dicen que rechazan elecciones internas o que éstas deben realizarse previa depuración de los padrones. Ya llegará la hora de la legitimidad, que está más cerca que lejos». Aunque no lo reconozcan, fue un mensaje hacia la conducción de Morales a la que dicen apoyar, pero declaran como aún ilegítima.
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