Los políticos triunfantes, con mayor o menor sinceridad, suelen envolver su llegada al poder con una retórica magnánima. Frases sobran: «Ni vencedores ni vencidos», «La victoria no da derechos», por ejemplo. También hay fotos de esa generosidad. Raúl Alfonsín caminando del brazo con Carlos Menem por los jardines de Olivos antes de asumir la Presidencia o el propio Menem abrazando al almirante Isaac Rojas cuando le tocó su turno. Al poco tiempo, el corazón comienza a ser más restrictivo mientras se sueña con alguna fundación personal. Sea el tercer movimiento histórico, el menemismo o proyectos por el estilo.
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Néstor Kirchner se siente llamado a reformar la política y también en este tipo de conductas quiere cambiar el sentido de la flecha. Como si la victoria diera derechos o hubiera vencedores y vencidos (que, en rigor, es lo que verdaderamente sucede en la política), el Presidente se ha propuesto comenzar por el "kirchnerismo" y dejar para más adelante o para nunca cualquier combinación con otros colores. En nombre de esta operación se ha constituido el Partido de la Victoria (PV) en casi todos los distritos. Es una fuerza ajena al PJ, que habitualmente ocupa el banquillo de los acusados. «Una cosa es el peronismo y otra el pejotismo» explica Kirchner a sus acólitos, mientras da alas a los disidentes y los convoca para dentro de un par de semanas a un encuentro del que difícilmente él participe en persona. A veces hasta bromea provocando inquietud, como cuando le dijo a Torcuato Di Tella durante la jura ministerial del 25 de mayo: «Torcuato, qué despistado. Vos llegas al peronismo cuando nosotros nos estamos yendo».
El proyecto alcanza a todo el territorio nacional, pero tiene una primera instancia, muy comprensible, en la Patagonia. Kirchner pretende que dentro de poco esa región lo reconozca como líder. Tal vez tenga derecho a quererlo: su llegada a la Presidencia es el primer acontecimiento nacional que produce esa parte del país, de la que ya surgieron otras jefaturas, como la de Felipe Sapag, pero que no superaron la dimensión regional.
• Las primeras maniobras de esta arquitectura prometen algún ruido. El Presidente se dedica de manera personal a elaborar el experimento. Por ejemplo, ayer recibió por más de una hora en su despacho a Eduardo Rosso, ex intendente de Viedma y líder del PV en Río Negro. Rosso, que se desempeña como legislador, le anunció a Kirchner que se lanzará como candidato a gobernador, enfrentando a Pablo Verani y también a Carlos Soria, el pretendiente del PJ.
Soria fue el primer jefe de la SIDE de Eduardo Duhalde, a quien el Presidente recuerda por algunas operaciones en su contra como el envío de pseudo-piqueteros a Río Gallegos y la creación de un equipo de seguimiento personal para él y su esposa Cristina. Ninguna desmentida del ex jefe de los espías serena a Kirchner, quien está dispuesto a producir su derrota. ¿Irá personalmente a levantarle la mano a Rosso en los actos de campaña rionegrinos? Es difícil que se arriesgue, pero no hay que descartar que Cristina de Kirchner sí lo haga.
Este tipo de movimientos puede tener consecuencias imprevistas en el día a día de la administración. Un socio político de Soria como Juan Carlos Del Bello fue reemplazado del INDEC por su mala relación con Roberto Lavagna y también por la militancia menemista que llevó adelante a través de su esposa, Marta Borda, quien firmó solicitadas en favor de Menem con el secretario privado de Soria durante la última campaña. En el mismo club de Soria y Del Bello se encuentra Miguel Pichetto. Es nada menos que el presidente del bloque de senadores nacionales del PJ, una figura clave en el trámite de las reformas institucionales que planea el gobierno y el encargado de gestionar en esa cámara los 2/3 que necesitará Kirchner para que el desplazamiento de Julio Nazareno, que él ordenó, se cumpla. ¿Cómo se sentirá Pichetto de ver a su adversario provincial representando al oficialismo de la Casa Rosada? ¿No provocará conflicto interno alguno en el bloque que la senadora Kirchner haga campaña contra quienes enfrentan al «pejotismo» en el distrito? Basta esperar un par de días para que estas incógnitas se despejen.
• Neuquén es otro capítulo del "kirchnerismo" patagónico, tal vez más agresivo que el anterior. El Presidente detesta a Jorge Sobisch (Movimiento Popular Neuquino), con quien mantiene una pelea petrolera implacable, vinculada con la renegociación del gasoducto de Loma de la Lata. Pero tampoco quiere a Sergio Gallia, el senador del PJ que se postula para la gobernación. Fue al pensar en esta doble enemistad que Kirchner le entregó al neuquino Oscar Parrilli, uno de sus más viejos aliados políticos, la Secretaría General de la Presidencia. Eso no significa que esté dispuesto a deshacerse de este alfil para la competencia provincial, pero el Presidente cuenta con una capacidad de operación importante en el distrito, que podría llevarlo a intentar un frente y una recomposición de candidaturas. Después de todo, el intendente de Neuquén de la UCR, Horacio «Pechi» Quiroga, adhirió temprano a la gestión de Kirchner y cuenta con una buena performance como para encabezar una coalición en el distrito.
• En Chubut también hubo premios y castigos. Como a Del Bello en el INDEC, a Mario Das Neves le impusieron el veto de Lavagna para que abandone la administración de la Aduana. El lo sintió como una ingratitud, pues considera que gracias a su adhesión, Kirchner hizo una buena elección en el distrito. Pero el mandatario valúa su capital político allí de otro modo: apostará a que el diputado provincial Eduardo Barberis sea el representante del «"kirchnerismo"» en Chubut, respaldado por Marcelo Guinle, senador de la Nación.
• Tierra del Fuego está bajo examen por parte de Kirchner y los resultados fueron preocupantes. Juan Carlos Mazzón, el jefe del área presidencial, ya le había comunicado a Carlos Manfredotti que sería mejor para él ceder sus aspiraciones en favor del vicegobernador, Daniel Gallo. Pero ayer las últimas encuestas indicaban que tampoco Gallo, representante del poder santacruceño en la isla, garantizaría el triunfo frente a Jorge Colazo, del radicalismo. Peligra el "kirchnerismo" en esa vecindad, a pesar de que se trata de la Patagonia más cercana a Río Gallegos.
• Acaso pueda compensarse ese déficit agregando una provincia a la región: La Pampa.
Durante mucho tiempo ese distrito peleó por ser, a los efectos fiscales, «patagónico». Hasta se adoptó el oximoron «Patagonia Norte». Kirchner goza en Santa Rosa del calor de Néstor Ahuad, ex gobernador y embajador en Paraguay enfrentado a Rubén Marín. Pero la vocación por hacer crecer su marca en la provincia se frena ante otro objetivo del nuevo oficialismo: el de conquistar al propio Marín, quien por tradición y ubicación en el cuadrante político es desde hace tiempo el fiel de la balanza del peronismo. Es la principal desventaja para Ahuad, que podría verse rezagado ante candidatos del círculo «marinista». Todo se resolverá en las próximas horas, tal vez a través de un contacto personal de Kirchner con el gobernador de La Pampa, con quien en otros tiempos tuvo una relación amistosa.
Adaptado a su ecología natural, «el sur y el frío», como diría Raúl Alfonsín, el sueño de un nuevo movimiento político anclado en el PV se impuso algunos límites en otras regiones del país. Bastó que los gobernadores pidieran, en el acta de fundación de la Comisión de Acción Política del PJ, que se apoye a los candidatos oficiales. Si esto no se cumple, tal vez, no hubiera respaldos al gobierno de Kirchner.
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