El Departamento de Estado del gobierno norteamericano expresó su lamento por la toma de distancia de la Argentina de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Porque la respuesta fue en un inglés muy claro, de la costa este de los Estados Unidos, ninguno de los presentes en la exposición que tuvo lugar en el CARI dudó que la referencia al abandono del vínculo militar de la Argentina con la OTAN sonó a decepción. Más tarde, en otra reunión cerrada a la que asistió el canciller Jorge Taiana, Nicholas Burns repitió la consigna en tono conciliador, pero con palabras de precisión suiza. Burns, número tres en la cadena de mando de Condolezza Rice, hizo un rodeo previo, obligado por su función diplomática: no es política de la administración juzgar decisiones de otros gobiernos, pero lamentamos mucho que este país deje la representación militar en Bélgica.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Este diario anticipó la orden de la ministra de Defensa Nilda Garré de cerrar la agregaduría militar en Bélgica que oficiaba de nexo con la OTAN. El agregado, coronel Mario Troncoso, ya abandonó aquel país y levantó la oficina a mediados de enero. La sentencia, palabras más o menos, fue pronunciada por el encumbrado funcionario del Departamento de Estado norteamericano en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) a instancias de una consulta sobre la cooperación militar.
La presentación del disertante -acompañado por Thomas Shannon y el embajador Earl Wayne- estuvo a cargo del ex canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, a quien nadie podría tildar de halcón o instigador de conferencias agresivas. En el auditorio muchos «amigos» de la casa de la calle Colombia, entre ellos: Eduardo Amadeo, Vicente Massot, Patricia Bullrich, Marcelo Stubrin, el diputado Jorge Argüello, casi de incógnito porque no había funcionarios del gobierno presentes y ex agregados militares en los Estados Unidos, todos retirados, como el contraalmirante Alejandro Kenny; el general Julio Hang, quien revista como asesor en Defensa; el brigadier Norberto Di Meglio, y una multitud de politólogos y analistas de fundaciones ad hoc. Shannon y Wayne dejaron el atril sólo a Burns, quien utilizó 45 minutos para puntualizar los temas de acercamiento entre los dos gobiernos, sobre el final repasó aspectos negativos de la globalización: el terrorismo, el narcotráfico y la trata ilegal de personas.
Lamento
En ese clima la pregunta sobre cooperación militar e inteligencia disparó el «lamento» del funcionario norteamericano por el abandono de la representación en Bélgica y la vinculación con la OTAN. Con palabras parecidas se había expresado a este diario el ex viceministro de Defensa y presidente nacional de la UCeDé, Jorge Pereyra de Olazábal. Fue junto con el entonces canciller Guido Di Tella, responsable de la firma del acuerdo con los Estados Unidos por el que se designó a la Argentina, gran aliado extra OTAN. Pereyra de Olazábal lamentó y criticó la decisión de Garré de separar al país de la OTAN, «iniciativa -dijo- que se había asumido como verdadera política de Estado y ahora sin explicaciones se burla a los aliados».
Durante la tarde del viernes pasado, Burns mantuvo una reunión cerrada en la embajada; allí retomó la cuestión de la OTAN en presencia del canciller Taiana. Comentó que se había enterado del asunto y punteó la importancia que tiene la Alianza Atlántica en el escenario de la cooperación internacional, en inteligencia, en diplomacia y en la lucha contra el terrorismo. El enviado de Condolezza Rice no hizo hincapié en un tema que podría abrir los ojos al bloqueo ideológico que anida en el Ministerio de Defensa. La OTAN pone la estructura de comando y control para situaciones de crisis y desastres naturales que requieren de ayuda humanitaria, única misión que parece reconocer Garré a los uniformados. También habría que actualizarles datos doctrinarios.
El discurso del Ministerio de Defensa cuando se trata de intervenciones militares o participación en misiones de paz refiere siempre a que no se tomarán compromisos sin «multilateralismo», es decir bajo el paraguas de legitimidad que otorga el mandato de las Naciones Unidas. Parecen desconocer que la Alianza Atlántica modificó el estereotipo de unilateralismo o «soldado universal» a principios de los noventa con la incorporación de más países europeos, hasta ex Estados satélites de la fallida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Más reciente, Ucrania, país con el cual Garré planea hacer negocios de equipamiento militar (helicópteros) está en vías de una total integración con la OTAN impulsada por el presidente Victor Yushenko.
Dejá tu comentario