Hasta Eduardo Duhalde parecía sumergido en la incertidumbre ayer, después de la decisión de su esposa de no secundar a Felipe Solá en la pelea bonaerense. El Presidente había dado por seguro que Chiche cumpliría el papel asignado por él en la obra y lo había adelantado al propio Solá el viernes por la mañana, en Río Santiago. Pero las dudas de Duhalde con su mujer son materia en los últimos tiempos de especulaciones ajenas a la política, más ligadas al corazón y las reyertas matrimoniales.
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Quienes se interesan solamente por los juegos del poder tenían ayer suficientes enigmas para resolver como para agregar los de alcoba:
1. La primera pregunta que recorrió la política cuando se conoció la negativa de Chiche tiene que ver con la escala nacional. Se refiere a si los Duhalde verdaderamente juegan las cartas que están mostrando, Néstor Kirchner en la candidatura presidencial y Felipe Solá en la provincial. Los propios interesados son los que más se mortifican con estos interrogantes. Bastaba ver que ayer, en el acto de Lanús, lo único que había de duhaldismo explícito era Manuel Quindimil, quien, como es sabido, cree que el lugar de Kirchner lo debe ocupar el Presidente; y el de Solá, su esposa. Todo el aparato bonaerense espera desde ayer una señal clara sobre la estrategia electoral del matrimonio gobernante y, hasta que no aparezca, es posible que trabaje a desgano.
2. De la incógnita anterior se desprendía ayer otra, relativa al calendario electoral. El 30 de marzo está convocada una interna prematura en los partidos bonaerenses. ¿Y si Chiche Duhalde decidiera postularse a la gobernación? ¿Se mantendría esa fecha o buscarían una forma de postergarla? La insistencia con la que el duhaldista radical Leopoldo Moreau bombardea ese calendario se ha vuelto desde ayer más sospechosa. Los que creen leer debajo del agua suponen que al «Marciano» lo manda Duhalde a derribar ese cronograma.
3. Aun cuando se mantenga esa fecha del 30 de marzo, ¿será una interna tan pacífica como la que soñaba Solá cuando se miraba al espejo, se imaginaba único candidato del PJ y repetía, «no hay mujer que se me resista»? El desaire de Chiche, ayer, fue entendido por muchos como una invitación a participar de la pelea interna del partido. Desde Aldo Rico hasta Luis Patti, pasando por Osvaldo Mércuri y Alberto Kohan, los aspirantes a la gobernación comenzaron a replantearse la estrategia de correr por fuera de la estructura del partido, que se mostraba invencible. Felipe, hasta nuevo aviso, dejó de ser el caballo del comisario para casi todo el PJ bonaerense.
4. Por la vía negativa, la decisión de la esposa de Duhalde estimuló una danza de nombres para llenar el vacío que dejó con su rechazo. Un gracioso decía anoche: «Pobre Felipe, lo único que le falta es que se le ofrezca Aníbal Fernández por los diarios para acompañarlo». Paradojas de la política, cuando se lo suponía secundado por Chiche, cualquier dirigente con imaginación se pretendía segundo de Solá. Pero ahora que el premio mayor se muestra menos seguro, la fuga de aspirantes también es caudalosa. Entre los acompañantes posibles se mencionaba ayer a José María Díaz Bancalari, Alberto Balestrini y Julio Alak. Casi los mismos que ruedan en la ruleta de Kirchner.
5. A la par de la posible promoción de Chiche (o de su marido Eduardo) a la primera candidatura bonaerense, ayer se especulaba con que Solá sería removido del cargo por elevación: ¿Dos de Kirchner? ¿Candidato a presidente si Kirchner no remonta vuelo? Cuando las posibilidades son infinitas es porque quienes conducen la política perdieron la brújula. Anoche muchos duhaldistas sospechaban, culposos, que eso podría estar pasando con su jefe.
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