24 de agosto 2005 - 00:00

Las amistades del economista

En la prédica oficial sobre el recién llegado Joseph Stiglitz, al cual algunos cercanos al gobierno lo contactaron por sus oficinas en Nueva York, casi premeditadamente se obvia una relación importante del hombre que denuncia al FMI luego de haber sido funcionario del Banco Mundial. Es, claro, la relación entre Stiglitz y quien fuera ministro de Economía Domingo Felipe Cavallo (con quien no pudo encontrarse porque, justamente, cuando llegó el norteamericano, el argentino viajó a los Estados Unidos).

No son hombres de consulta entre sí sólo por cuestiones profesionales de Economía, sino por una amistad aceitada. Tanto que hace poco, en un seminario que compartieron juntos, Stiglitz se refirió a la performance económica de la Argentina, elogió a la actual conducción de Roberto Lavagna e hizo otras apreciaciones que en su buena y optimista voluntad -también, cierta superficialidad- parecían desconocer datos clave. Por ejemplo, al hablar del superávit fiscal, Stiglitz ignoraba la existencia del impuesto a las exportaciones, por ejemplo las retenciones que se aplican al petróleo (45%) o 23,5% a la soja, por no hablar de otras. Un hombre tan alejado del país, por más que ahora esté de visita, no necesariamente debe conocer esos detalles.

De esto se hablaba ayer, también de su última declaración, con respecto al desastre de cumplir con los planes que sugería el FMI. A juicio de él, la Argentina se equivocó con las recetas de ese organismo y, al contrario, ahora se encuentra en el camino correcto (pagando más tasa de interés, claro). Tal vez, el economista debería observar que, en verdad, la Argentina casi nunca cumplió con las exigencias del FMI y, en cambio, ahora -diciendo que no lo hace- se encuadra como nunca en las exigencias de ese organismo, por ejemplo en materia de superávit fiscal (antes era delictual, en términos políticos, el déficit cero).

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