Los cacerolazos del jueves han irrumpido en el escenario político mostrando que una parte de la sociedad cuestiona y reclama medidas al gobierno de la presidenta, Cristina de Kirchner. Desde el Gobierno la respuesta más contundente llegó de parte del jefe de Gabinete, Juan Abal Medina: "Esta gente nunca votó a Cristina, ni a nadie parecido, ni lo van a hacer" y cuestionó el patriotismo de los adherentes al señalar que "les preocupa más lo que ocurre en Miami que en la Argentina". Algunas organizaciones que apoyan al gobierno ya hablan de llevar a cabo una "contramarcha" para el 27 de este mes y los caceroleros están convocando para otra marcha, aún sin fecha establecida, preanunciando que las divisiones en la sociedad continuarán.
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Otro dato político que surgió de la protesta del jueves pasado fue la ausencia de la oposición, mostrando que la convocatoria fue espontánea y canalizada a través de la redes sociales, similar al fenómeno de los "Indignados" en España. Sin embargo, las importantes movilizaciones sociales que se dieron en el Medio Oriente o en Europa fueron desapareciendo al no poder conformarse en alternativas políticas.
Sergio Berensztein, director de Poliarquía piensa que esta respuesta por parte del Gobierno "sería una suerte de incentivo o aliciente a mayor protesta, a mayor participación, a redoblar la apuesta también por el lado de la propia sociedad civil que se manifestó en forma tan pacífica". Asimismo consideró que es un error pensar que el reclamo fue sólo material, ya que hubo demandas por la inseguridad y contra la reelección. Advirtió que "lecturas sesgadas, reduccionistas, pueden llevar a cometer un grave error y esto en definitiva sería muy contraproducente para el propio Gobierno".
Consideró que otro factor que contribuyó al descontento fue que "la inflación ha pegado por primera vez, de manera mucho más contundente de lo que venía pasando". Si bien aún es prematuro aventurar un resultado electoral para el 2013, Berensztein advirtió que la elección será más complicada para el oficialismo, ya que estará en juego la sucesión para el 2015 y al respecto señaló que "no hay gobernador de los que tienen aspiraciones, ya sea de renovar o a disputar la presidencia, que por un lado no lo esté apoyando a De La Sota y que, por el otro lado, no se vea a sí mismo en una potencial situación similar". Sostuvo que la imagen presidencial positiva ha descendido del 70% que registró en enero/febrero de este año, al 40% pero "en los últimos meses hemos visto una desaceleración en la caída", explicó Berensztein. A continuación los tramos más salientes del reportaje concedido a ámbito.com
Periodista: ¿Cuál es el análisis que hace del cacerolazo que se llevó a cabo en diversas partes del país?
Sergio Berensztein: Lo más importante, es preguntarnos si este fue un hecho aislado o se trata de una manifestación que va a tener repeticiones, que se va a profundizar, que incluso podría llegar a abarcar otras regiones, otras ciudades, más gente. Si se trata solamente de una cuestión puntual, me parece obviamente que es significativo, hay que tomar nota, hay mucho para aprender de lo que se dijo de las protestas de la gente, de las cuestiones que han motivado, pero obviamente, sobre todo para el gobierno, se trataría de un desafío más bien acotado. Al contrario, si es un fenómeno que puede replicarse, las consecuencias pueden ser mucho más profundas e incluso de mediano y largo plazo.
P: ¿Cómo evalúa la respuesta del Gobierno, a través de su jefe de gabinete, que acusó a los manifestantes de que les preocupa más Miami que la Argentina. ¿Qué piensa que puede pasar?
S.B: La verdad que, si efectivamente esta es la tónica de las respuestas, me parece que estamos frente a una situación que, de ser manejable, podría convertirse en bastante compleja, porque sería una suerte de incentivo o aliciente a mayor protesta, a mayor participación, a redoblar la apuesta también por el lado de la propia sociedad civil que se manifestó en forma tan pacífica. Creo que es un error por parte el gobierno pensar que sólo se trata de un reclamo material, vinculado al cepo al dólar. Yo no descarto que esa haya sido una de las cuestiones que estuvieron detrás de la protesta, y de todas maneras no me parece que sea ilegítima, al contrario, cada uno tiene derecho a ahorrar como quiere, pero me parece que es mucho más complejo, y es más rico y más diverso lo que ocurrió ayer. Mucho tiene que ver con la inseguridad, que es un tema que el gobierno sigue negándose a aceptar como legítimo. Pero hay otras cuestiones que también estuvieron presentes, que tienen que ver con la reelección, con este manoseo casi constante que hace el Gobierno con las reglas del juego políticas para eternizarse en el poder, de forma tal que estas lecturas sesgadas, reduccionistas, pueden llevar a cometer un grave error y esto en definitiva sería muy contraproducente para el propio gobierno.
P: ¿Quién puede capitalizar políticamente estas manifestaciones?
S.B: Quisiera hacer alguna referencia respecto de los diferentes movimientos sociales. Hay muchos casos de movimientos sociales que son episódicos, es decir, que es una manifestación y pasa o tiene una duración relativamente acotada como fue, por ejemplo, "Los indignados en España" o en Argentina los movimientos que pedían mayor seguridad a raíz del secuestro y asesinato de Axel Blumberg. Eso empezó y terminó. Después hay otros movimientos sociales, como el Cordobazo por ejemplo, que tienen estas características, pero que tienen también consecuencias o impactos muy estructurales sobre el sistema político. Cuidado con eso, porque pueden terminar pero generar rupturas o anclajes muy significativos que te ordenan o generan realineamientos profundos en el sistema político. Y luego, finalmente, hay movimientos sociales que comienzan y terminan con la caída de un imperio, como ocurrió con la caída del muro de Berlín. Así que cuidado. Yo creo que estamos más en alguno de los primeros y no, obviamente, por lo menos hasta ahora, que tenga características tan trascendentes, pero creo que es una de las grandes incógnitas que tenemos que revelar en las próximas semanas. Ahora, dicho esto, y con relación a lo que vos preguntabas, ¿quién capitaliza? Bueno, depende de qué se trate. Si se trata de algo episódico probablemente nadie capitalice ni haya grandes consecuencias desde el punto de vista del balance del poder. Por el contrario, si se trata de algo más persistente, más profundo, más ampliado, creo que estamos en condiciones de decir: no sabemos quién capitaliza pero sabemos quién no capitaliza, y ese es el gobierno.
P: ¿Cómo ve la tendencia de la sociedad frente al Gobierno?
S.B: Es muy temprano para hacer sondeos respecto de lo del jueves. Vamos a esperar unos días a ver cómo decanta y este lunes vamos a hacer un sondeo. No nos gusta nunca estar midiendo sobre caliente porque hay distorsiones para un lado y para el otro. Pero respecto a lo que venía pasando, claramente hasta enero, febrero de este año, Argentina vivía en un clima casi idílico, tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista político, la Presidente gozaba de un apoyo realmente extraordinario, ciertamente nadie podía suponer que en apenas 4, 5, 6 meses después íbamos a estar viviendo un clima como el de hoy. Típico péndulo argentino. Un cambio muy significativo, rápido, de la opinión pública, que siempre es volátil en todos lados pero en la Argentina un poquito más. Hoy lo que vemos es un gobierno en el cual, si bien la presidenta -vale la pena resaltarlo- sigue siendo una líder popular y fuerte, su gobierno, por el contrario, tiene algunos síntomas de desgaste, la desconfianza en el gobierno subió mucho, hay un predominio de gente que ve la situación con un relativo pesimismo, lo contrario a lo que ocurría hasta febrero de este año. Y sobre todo, hay cuestiones no económicas que están afectando al gobierno. Aquí hay que ser muy prudente. No hay que pensar que solamente la economía es lo que mueve el comportamiento de las sociedades, acá hay cuestiones no económicas que también están afectando, en particular -cuidado con esto- desde la tragedia de Once se puso de manifiesto que el Estado es cada vez más caro, más grande, más oneroso, más autoritario, más intervencionista y es incapaz de resolver las cuestiones esenciales de la ciudadanía. Otra cuestión, que también apareció, es la cuestión de la corrupción.
P: Siempre se ha dicho que la clase media siempre protesta cuando le duele el bolsillo. A su juicio: ¿cuánto pesa la inflación y cuánto pesa lo institucional?
S.B: Creo que el cacerolazo responde a una pluralidad de causas. Muy probablemente nunca podamos saber cuál es el ponderador: cuánto lo económico, cuánto lo político, cuánto es esta sensación que se instaló en un sector, sobre todo los más educados de los que ayer manifestaron, u otros sectores de clase media que tal vez no se manifestaron pero tocaron las cacerolas en su casas, donde tal vez por primera vez en mucho tiempo en Argentina aparece la idea de que hay restricciones a las libertades. Aún en momentos donde había menos libertades económicas. Ejemplo, en el gobierno de Alfonsín, donde el intervencionismo era igual o peor al que tenemos hoy, de ninguna manera se ponían en tela de juicio las otras libertades. Ahora, no sé si por errores del gobierno, por errores de comunicación, o si efectivamente hay un intento más autoritario, la verdad que yo no lo sé porque no tengo todavía la suficiente cantidad de información como para estar seguro de que sea así, lo cierto es que hay un sector de la clase media que cree que es así, y eso es importante porque, obviamente, se comporta en función de lo que percibe y no de lo que está ocurriendo. En este sentido me parece que hay dos elementos para notar. La inflación ha pegado -esto es algo nuevo- por primera vez, de manera mucho más contundente de lo que venía pasando, porque se han postergado, se han retrasado bastante las paritarias. Esto fue un intento del gobierno de controlar la inflación, básicamente moderando las presiones salariales. Primero con el 18%, después con el 21%, finalmente con el 24%. Pero claro, esto postergó mucho la negociación colectiva. Desde la ruptura con Moyano esto se volvió más lento y costoso y hasta en algunos casos hasta julio no se cerraban las paritarias. Entonces, por primera vez, muchos asalariados enfrentaron precios nuevos con salarios viejos, entonces la inflación pegó de manera distinta. No hay ninguna duda. Y también es cierto que en algunos sectores, no en todos pero sí en algunos, las restricciones del cepo cambiario implicaron una caída en la actividad, por ejemplo en el sector inmobiliario, que es una fuente tan enorme de generación de empleos y de actividad económica en los últimos años. Ahora bien, lo institucional -¿cómo traducirlo en la práctica?- me parece que, para ser honesto, la gente reaccionó con la idea de la reelección, y unas manipulaciones a las reglas electorales, la cuestión de la edad de los chicos para que voten, una propuesta un poco desopilante de que voten los extranjeros con residencia de sólo dos años. Teniendo en cuenta lo fácil que es hacerse ciudadano argentino, vos podes ser ciudadano argentino sin saber cuál es la capital de la Argentina.
P: Aún con este escenario, ¿sigue abierta la posibilidad de que el kirchnerismo pueda hacer en 2013 una buena elección legislativa?
S.B.: Preguntando a colegas economistas, indagando incluso con líderes del sector privado, la pregunta que me hago y hasta ahora no me respondo es: supongamos -ojalá así sea- que el año que viene sea un poco mejor en materia económica. Por la cosecha de soja, porque Brasil remonta un poquito, porque al no poder sacar los dividendos muchas empresas están invirtiendo, supongamos que efectivamente esto es así. Pregunta crucial: ¿cuánto empleo en serio se va a generar? Porque ya tenemos un problema muy serio de amesetamiento, del freno a la generación del empleo privado, desde por lo menos abril en adelante. No hay hoy proyectos que generen mucho empleo. La soja no lo genera y los autos tampoco. Entonces, cuidado con eso, porque podés tener un mejor año desde el punto de vista macro pero no desde el punto de vista del empleo, y esa me parece que es una variable muy significativa para entender los comportamientos electorales del año próximo. Esto, por un lado. Y, por el otro, creo que una diferencia importante respecto del 2009 es que en esta oportunidad ya está planteada la cuestión, no solamente de la sucesión presidencial, sino también de los equilibrios internos dentro de la coalición dominante. Aquí hay algo que me parece que hay que estudiar un poquito mejor, y es: cuánta desperonización ya se ha generado desde el poder, tanto a nivel de los cargos ejecutivos, como sobre todo a nivel de las provincias y de los municipios. Muchos intendentes y gobernadores pudieron tolerar, el año pasado, cuando se renovaron por mitades la mayoría de los cuerpos legislativos, que la presidenta se entrometiera en las listas y pusiera gente propia. Particularmente de La Cámpora. La pregunta es: la mitad la podés aguantar, pero ¿podés aguantar otra mitad de gente de La Cámpora? Porque si la respuesta es "no", en la medida en que se alteran tanto los equilibrios de poder que esta gente puede sentir que pierde efectivamente el control de sus propios distritos, van optar "o bien efectivamente por suicidarse", o "bien por generar alternativas". Con estrategias como por ejemplo alguna lista paralela, o meter gente propia en la lista de la oposición, generar listas espejo, en fin, otras alternativas para no perder el poder, porque evidentemente son líderes que en muchos casos hace décadas que están gobernando, y no van a dejar graciosamente sus distritos por una petición presidencial, sobre todo si la presidenta sigue perdiendo imagen positiva, y se instala, digamos, esta guerra a la clase media. Me parece que estas cuestiones son cruciales para entender el devenir de la política.
P: Sin embargo, al gobernador José Manuel De La Sota lo dejaron solo. A los caudillos provinciales se los ve muy seguido en la Casa Rosada y esta adhesión es porque temen que de no hacerlo, el ostracismo sería muy grande...
S.B: Es cierto que públicamente nadie salió a apoyar a De La Sota y de hecho ni siquiera fueron a acompañarlo al partido de fútbol. El punto crucial es el siguiente: en privado, no hay gobernador de los que tienen aspiraciones, ya sea de renovar o a disputar la presidencia, que por un lado no lo esté apoyando a De La Sota y que por el otro lado no se vea a sí mismo en una potencial situación similar. Al mismo tiempo el fenómeno Peralta, que tiene una crisis de gobernabilidad, entre otras cosas y también pone en duda la sustentabilidad del famoso modelo. Esta situación está generando interrogantes porque indudablemente si esta especie de pinzas entre los recursos fiscales que no llegan y La Cámpora que aprieta desde adentro se extiende, la suerte de Peralta puede ser la suerte de cualquier gobernador. Lo que pasa con Daniel Scioli, que tal vez esto sea muy propio de él, es que al pelearse con la Presidenta su imagen se disparó hacia arriba de manera extraordinaria. No todos los gobernadores tienen la suerte de estar instalados de ese modo en la opinión pública.
P: ¿En qué porcentajes está la imagen positiva y negativa de la Presidente en función de la última encuesta que hayan hecho?
S.B: La imagen de Cristina estaba muy fuerte: 70% de imagen positiva en enero ha caído muy significativamente (28, 29 puntos) en estos meses. En los últimos meses hemos visto una desaceleración en la caída. Es decir, sigue cayendo pero mucho menos. Así como se cayó rapidísimo entre marzo y junio, dejó de caer tan rápido y se está amesetando en 40 puntos de imagen positiva. En tanto, la aprobación de su gestión -que es una variable distinta, donde la gente tiene que jugarse por el "aprueba" o el "desaprueba", en "aprueba" sube un poquito la Presidenta, pero de todas maneras es evidentemente que la parte del voto o del apoyo menos estructural, más contextual, más contingente, ya pasó y se queda la Presidente con un apoyo muy fuerte, tal vez de gente más leal, está perdiendo apoyo sobre todo de sectores medios urbanos, pero el ritmo de caída se ha desacelerado. Veremos cómo esto sigue en los próximos meses, si hay una pérdida mayor o no, veremos si finalmente algún líder de la oposición o bien del propio oficialismo puede capitalizar, pero lo cierto es que estamos en un clima muy diferente y hay interrogantes importantes que van a definir qué ocurra con la política argentina no solamente en 2013 sino en 2015.
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