"Lavagna presidente" por $ 240 millones
Parece la década del '70, cuando empresarios y sindicalistas se entrelazaban en pactos sociales y controles de precios. El dúo que han compuesto en los últimos días los representantes de la UIA con los "gordos" de la CGT es sorprendentemente armónico: halagan juntos a Roberto Lavagna, de quien esperan distintas concesiones. La sinceridad sindical es absoluta: "Queremos que nos den los $ 240 millones que nos deben por un préstamo al PAMI. Nada de Fondo Fiduciario, queremos 'la viva'" (referencia metafórica al dinero en efectivo). Con la mente puesta en ese monto, los gremialistas estacionaron su corazón por un rato en Lavagna, a quien proclamaron candidato a presidente. Lleno de candor, se les agregó el empresario Francisco de Narváez, quien los invitó a comer y se sumó al pedido de postergación de los comicios, aunque su candidato ahora es Eduardo Duhalde. Lavagna medita y no le desagrada la onda en su favor, tanto que sus subordinados lo sueñan una versión rioplatense de Fernando Henrique Cardoso.
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Hasta aquí, lo que sucede en la superficie del proceso electoral, donde los sindicalistas y los industriales aturden al ministro con sus halagos y pedidos, sabiamente mezclados. La realidad es más prosaica y urgente. Con la candidatura de Lavagna los gremialistas buscan plata y, como explicó uno de ellos, «no le hacemos mal a nadie porque nadie nos cree». Es mentira, Néstor «Lupín» Kirchner está como loco por la irritación. No sólo el ministro lo desaira con la vicepresidencia, sino que, además, lo devalúa -es su manía-con una candidatura alternativa. Todo conduce, y esto también gusta a los gremios, a la iniciativa de postergar las elecciones, que halaga a Duhalde. El dogma lo predica Luis Barrionuevo: «Acá debe haber una elección en la cual Menem y Duhalde diriman la conducción del peronismo». El catamarqueño lamenta coincidir con Menem y no con Duhalde, quien se resiste a ese duelo, algo que -de paso-le ocasiona más de un problema matrimonial (finalmente Chiche sí demostró ser una persona de carácter).
Este paquete fue el que atrajo a Francisco de Narváez hacia la mesa de los «gordos». En rigor, la mesa la puso el empresario, también la comida, la casa y no se sabe si algo más. Cenaron en la Rural, nueva sede de De Narváez, por lo menos hasta que amueble la casona que compró al Banco Vélox en la calle Ortiz de Ocampo (dicen que a veces atiende allí, donde apenas hay dos sillitas; para el común, es escasez; para él, minimalismo).
«Llegó con dos Gustavos», contó uno de los «gordos» asistentes. No había muchos sindicalistas: Daer, Carlos West Ocampo, Oscar Lescano, José Pedraza, Cavalieri, que fue quien condujo al resto: «Lo conozco de 'Casa Tía'», justificó el «Gitano» para que no se sospecharan otras conexiones.
Es curioso, los sindicalistas le tomaron examen al dueño de casa: «Creo que hay que llevar las elecciones a octubre, porque lo que surja de abril será de una debilidad insoportable. ¿Que peleen Menem y Duhalde? Me parece bien. El que no me gusta es Kirchner, no tiene dimensión». Se sumaron los sindicalistas, para quien el matrimonio patagónico carece en absoluto de encanto. De modo inesperado --que no se enteren ni José Pampuro ni Juan Carlos Mazzón, sus contactos en Olivosel empresario le dedicó una loa a Menem. Estaba en familia: «Se diga lo que se diga es el que más claro tiene su liderazgo, el más decidido y jugado». Lo de más asintieron. Prometió publicar una solicitada de Narváez, sin ese párrafo sobre el riojano, claro, «pero ahorró plata y se hizo hacer un reportaje», lo justificó ayer uno de sus comensales. Aunque molesto con tanta austeridad.




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