Lució apesadumbrado ayer Roberto Lavagna, por la frustración de no concretar la exhibición de su «nuevo discurso» que había previsto en la Rural. Para su nuevo estilo de oratoria (la candidatura presidencial la sigue postergando), el ex ministro prefirió también realizar un vuelo sobre el pasado. Se posó sobre 1853 y su Constitución para reclamar que se declare «traidor a la Patria» a quien quiera perpetuarse en el poder. Referencia cifrada a Néstor Kirchner, a quien le atribuye la pretensión de la reelección indefinida, asimilado ahora a un nuevo Juan Manuel de Rosas.
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