23 de julio 2004 - 00:00

Legislatura: tensión ayer por recepción a piqueteros

Momentos de tensión se vivieron ayer en la Legislatura porteña ante la presencia de sectores piqueteros. Ayer el gobierno comunicó el desplazamiento del jefe de la Policía Federal, Eduardo Prados.
Momentos de tensión se vivieron ayer en la Legislatura porteña ante la presencia de sectores piqueteros. Ayer el gobierno comunicó el desplazamiento del jefe de la Policía Federal, Eduardo Prados.
El fortísimo operativo de seguridad que montó ayer el gobierno en los alrededores de la Legislatura porteña pareció tener efecto: la marcha de piqueteros contra las reformas a la ley contravencional de la Ciudad se realizó sin incidentes. Sin embargo, hubo, a pesar de los 900 policías en triple fila, un momento de tensión que no se previó en la puerta de la Legislatura y que pudo desatar desbordes. Fue cuando se permitió pasar el vallado a 23 dirigentes piqueteros y los empleados de la Legislatura comenzaron a protestar, quisieron impedir que los legisladores los recibieran acusándolos de haber sido los responsables de las agresiones del viernes pasado.

«Nos tiraban piedras, lastimaron a nuestros compañeros y ahora los reciben»,
se quejaban algunos a toda voz sobre la peatonal Perú, cercada por dos cuadras con un gran vallado.

• Puntos polémicos

Hubo golpes, insultos y hasta casi le propinan una trompada al legislador Miguel Talento (kirchnerista), uno de los que salió a recibir a los piqueteros sobre el vallado de Perú y Alsina. Es que los empleados son los que quedaron, junto con legisladores, dentro del edificio el viernes pasado, cuando, afuera, grupos de manifestantes iniciaron un incendio en la entrada de Perú 130, destruyeron vidrios, puertas, arrojaron bombas caseras y adoquines que hirieron a varias personas.

El personal de seguridad repelió abriendo las mangueras contra incendio ese día, durante la protesta, porque iba a realizarse la sesión para votar artículo por artículo la reforma al código contravencional ya aprobada en general.

Los puntos polémicos de la norma intentaban bajar la edad de imputabilidad a 16 años (lo retiró ya el macrismo), establecer zonas rojas para travestis y prostitutas, castigar la reincidencia, aplicar multas de hasta $ 2.000 a vendedores ambulantes ilegales y a piqueteros que no dieran aviso de las manifestaciones que realicen.

De todos modos, la sesión donde se retomará el debate por la ley contravencional, que castiga conductas que no llegan a ser delitos penales, se retomará el 4 de agosto. Ayer se habían convocado los grupos más duros de los piqueteros, el Polo Obrero, MTL, Teresa Vive, MST y otros de ese sector para pedir que no se sancione la ley contravencional y que dejen en libertad a 16 detenidos acusados de coacción agravada por los desbordes de la semana pasada. Los piqueteros de Castells también se dieron cita, pero lo hicieron separadamente del resto.

Manifestaron y se replegaron cuando pasadas las 15 comenzó a llegar por la Avenida de Mayo, desde Carlos Pellegrini, la columna con el Polo Obrero al frente. Los organizadores calculan haber reunido 12.000 manifestantes, mientras los legisladores contaban la mitad de esa cantidad en la marcha. El grupo se encaminaba en sentido hacia la Plaza de Mayo. Ocupó la cuadra del Cabildo y, doblando por la Diagonal Sur, se apostó sobre el vallado que evitaba el ingreso en Perú, abarcando así más de tres cuadras bordeando la zona blindada por la Policía.

El «corralito» se dispuso desde una cuadra y media a la redonda de las puertas de la Legislatura. Detrás, doble fila de agentes de la guardia de Infantería y, a sus espaldas, otra formación de los federales. Para completar, se apostaron una veintena de carros de asalto y varios camiones de bomberos.

Tras el vallado sobre Perú y Alsina, esperó a los caciques piqueteros el titular del bloque kirchnerista,
Diego Kravetz, quien se había comunicado con Marcelo Ramal (Partido Obrero) para que le entregara un petitorio contra el Código de Convivencia.

• Acusación

Estaban también tras las rejas otros legisladores como Talento, Ariel Schifrin, Claudio Ferreño y Milcíades Peña (todos kirchneristas) y el subsecretario de Seguridad de la Nación, José María Campagnoli, que monitoreó el operativo durante toda la jornada.

En ese momento, se permitió el acceso de 23 representantes de diferentes organizaciones y también de vendedores ambulantes.

Los piqueteros, entre ellos,
Néstor Pitrola, Alberto Ibarra (MTL) y, Gustavo Giménez (MST), fueron atendidos en el Salón de los Pasos Perdidos una vez que pudieron entrar entre apretujones y gritos de los empleados que los increpaban.

«A ver si vienen ahora a tirar piedras como el viernes»,
fue de lo más gentil que les lanzaron, acusándolos así de la violencia de aquel día. Entre los diputados estaban el vicepresidente primero Santiago de Estrada (PJ), el socialista Roy Cortina, algunos macristas como Jorge Mercado, kirchneristas, la izquierdista Vilma Ripoll y la oficialista Laura Moresi, mientras que otros optaron por quedarse en el recinto (la chicharra sonaba desde hacía dos horas) en desacuerdo con la visita, como Julio Di Giovanni.

Los empleados, mientras tanto, coparon el recinto y, cuando llegaron los legisladores, les reclamaron ser atendidos también. Así, se armó otra reunión en el Salón Eva Perón con los presidentes de bloque, que trataron de aplacar los ánimos de los empleados y sindicalistas municipales indignados por la recepción de piqueteros. Ya en sesión, De Estrada hizo una suerte de homenaje al personal -que colmaba el recinto- por
«su desempeño» en el día de los desmanes, que así tuvo otra oportunidad para aplaudir al legislador: el viernes pasado, había sido destrozado el auto de De Estrada, y los empleados que jugaron al número de la chapa patente (433) acertaron a la quiniela, con muy buen rédito.

Menos alegres, cuando terminó la alusión, los empleados comenzaron a propinar agresiones verbales a coro a los dos diputados de apellido Devoto, quienes conforman un bloque desprendido del zamorismo. A uno lo acusan de
«comunicar desde dentro de la Legislatura por qué puerta salía la gente, a los que estaban afuera», dicen sin poder probar; al hermano, de «tirar piedras» contra el edificio, algo que desmienten otros. Finalmente, se celebró la sesión del día sin tratar la ley que habían prometido a los piqueteros que declara la emergencia habitacional en la Ciudad de Buenos Aires.

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