Criticó, sin mencionarlo, a Lavagna por haber emitido bonos atados a la inflación. Es la primera autocrítica que se le conoce, ya que él era el presidente que convalidó esas emisiones de deuda.
También criticó al FMI. Aseguró que no volverá a negociar con el organismo y que el país no recurrirá a recetas «enlatadas».
Se mofó de los críticos que anunciaban una crisis energética, aunque admitió que el sistema está al límite.
Llamó a Tabaré Vázquez a dialogar sobre las papeleras contaminantes. Acusó al Uruguay de cometer un error estratégico al no ceder en las negociaciones.
Retomó las conocidas críticas a la prensa y a la oposición.
También exaltó política en derechos humanos e insistió en el lema de «30 mil desaparecidos» (el propio gobierno dice que son alrededor de 11 mil las víctimas de ese delito aberrante).
Entonó loas a la independencia judicial, pero presionó a la Corte Suprema para que anule indultos y a la Casación para que acelere juicio a acusados de atrocidades en la represión.
Usó de nuevo el relato sobre la oferta de un pacto de impunidad a militares que dice le llevaron antes de las elecciones. Dijo dará los nombres si alguien lo niega. ¿Amenaza a Duhalde?
El diluvio que cayó sobre la Capital Federal frustró la movilización que había organizado el gobierno, lo que hizo más absurdo el dispendio en micros y viandas a gente llevada por intendentes y piqueteros a gritar a favor del mismo.
Atribuyó la desaparición de Julio López a uniformados retirados y en actividad; se despegó de maniobras políticas en el secuestro de Luis Gerez.
Se rió de quienes le reclaman al gobierno calidad institucional.
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