La miniobra pública lanzada -preferentemente remodelaciones, cloacas por zonas, núcleos habitacionales medianos- fue decisión del gobierno de Kirchner. No darán bronce a la gestión oficial, como una ruta nueva, edificios de magnitud o represas, pero traen mejoras sectoriales y, al estar distribuidas en casi todo el territorio, crean bolsones temporarios de trabajo para combatir el desempleo. No constituyen parte de un plan de desarrollo de la Argentina y hasta se muestra endeble como estrategia gubernamental pero dan bienestar, esos pequeños alivios laborales, y tienen financiamiento genuino, consecuencia de la abundancia de fondos que tiene el Estado en época vía retenciones en el sector exportador. O sea mucho mejor empleo que otorgar subsidios indiscriminados. No constituyen el «plan económico» que se le requiere a este gobierno para soluciones de fondo y de futuro en el país. Pero a la gestión Kirchner le trae varios beneficios. Le justificó conectarse y hacerse conocer por la gente tras asumir la primera magistratura en mayo 2003 con 21% de los votos y siendo prácticamente un desconocido gobernador sureño impuesto por el aparato duhaldista. Cada miniacto entre concurrentes proclives a recibir el anuncio de una obra que interesa le permitió satisfacer esa necesidad acuciante de afecto periódico que necesita Néstor Kirchner y usar esas tribunas circunstanciales para sus dardos políticos más violentos contra opositores presentes y pasados hasta constituir el estilo de comunicación más destacado entre el gobernante y la sociedad. Políticamente, además, le otorgaron al Presidente difundirse ahora con los anuncios en víspera de comicios y en 2007 con las inauguraciones, cuando esté en juego la renovación de la presidencia de la Nación. No está mal, pero lo principal es que además de su aprovechamiento, los anuncios de miniobras se están concretando, no se quedaron en meros anuncios y las ejecuciones avanzan sin corrillos de corrupción que las rodeen.
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En cada provincia, partido o ciudad que recorrió hasta ahora, el presidente Kirchner repitió un comportamiento: anunciar obras, convenios u otorgar subsidios, vía sus mejores espadas, la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, y el ministro Julio De Vido. Se invierte en infraestructura, cloacas, caminos, viviendas, escuelas u hospitales, entre otros emprendimientos. En hospitales, se tiende a remodelar porque políticamente conviene mostrarse en más lugares con obra chica que en algunos con emprendimientos muy costosos.
Luego se anunciaron otros como el «Programa Federal de Construcción de Viviendas Mejor Vivir»; el «Programa Federal de Mejoramiento de Viviendas»; el «Programa Federal de Solidaridad Habitacional» y el «Programa Federal de Emergencia Habitacional» que plantean un futuro de ejecución más lejano, dada la magnitud de las obras. (Ver cuadro.) El Plan de Obras Hídricas circula con demoras; contra 208 obras terminadas, 239 están en ejecución. (Ver cuadro.)
Para un país burocrático como la Argentina, no son malos guarismos.
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