5 de octubre 2001 - 00:00

Los cambios de gabinete

Nadie ignora que luego del 15 de octubre habrá cambios en el gobierno. Diletantes de la política y consultores anticipan que Fernando de la Rúa, para ampliar su base de sustentación, hará «más Alianza» (con hilachas de un Frepaso que parece en vías de extinción) y hasta inclusive se imagina que podría incorporar a justicialistas. En ese plano, se habló de la colaboración de Carlos Ruckauf en determinado momento, también la de Jorge Remes Lenicov como parte de una transacción con Eduardo Duhalde. Sin embargo, el Presidente ha elegido en apariencia otra vía para caracterizar la nueva etapa de su gestión. Por un lado, se ha decidido a «radicalizar» su gabinete -o sea, en lugar de un lavaje partidario, acentuar su presencia-y, por el otro, establecer un sonoro pacto público con la oposición sobre 5 o 6 bases específicas que garanticen un esfuerzo común al menos durante todo 2002. Esto último ya está gestado.

Hay dos razones en De la Rúa para convertir su gabinete en «monocolor». Una aspira a que le cedan la titularidad del partido luego de que Alfonsín deje el cargo en noviembre, aunque sea simbólicamente (ya que la parte ejecutiva quedaría para Angel Rozas) y la otra, debido a que no rindió la cesión de cargos a independientes o personas de otras agrupaciones (léase Domingo Cavallo), convocar a gente de la UCR para que el partido se sienta más identificado con su gobierno (cuestión que ahora no ocurre y cuya mejor expresión es Rodolfo Terragno). De la Rúa entiende que la llegada de nuevos diputados y senadores, más afines con él, le otorgarán otra relevancia en el radicalismo. Quienes figuran con posibilidades de acceso al gabinete en distintos niveles son Rafael Pascual, el senador catamarqueño Pedro Villaroel, Beatriz Nofal y José María García Arecha.

En cuanto al entendimiento con justicialistas -también empresarios, Iglesia y sindicalis tas-ya virtualmente se ha consensuado: no es sólo una declamación de unidad y patriotismo, sino acuerdo para aprobar de inmediato la ley de crédito público (garantizar con el cobro de impuestos la deuda externa), una lista de programas sociales (seguramente descentralizados), mantener el déficit cero, discutir una nueva ley de coparticipación con cambio del piso que pasaría para aprobarse en 2002, acompañamiento de las provincias en las negociaciones por el canje de la deuda y activa participación en las tratativas con Brasil.

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