4 de agosto 2006 - 00:00

Los superpoderes, el vale y la pizza

Una de las sorpresas de la sesión fue la ausencia de protagonismo de Elisa Carrió en el debate. El bloque peronista tiene siempre rebeldes en el fondo de las bancas. Rafael Bielsa fue uno de ellos. Lo miraba de lejos Borocotó (arriba). Las mujeres peronistas: Cristina Alvarez Rodríguez, Mercedes Marcó del Pont, Juliana Di Tullio y Juliana Marino ocupan el medio de la bancada (centro). La oposición más dura a superpoderes: Jorge Sarghini y Camaño y Federico Pinedo y Jorge Vanossi (abajo).
Una de las sorpresas de la sesión fue la ausencia de protagonismo de Elisa Carrió en el debate. El bloque peronista tiene siempre rebeldes en el fondo de las bancas. Rafael Bielsa fue uno de ellos. Lo miraba de lejos Borocotó (arriba). Las mujeres peronistas: Cristina Alvarez Rodríguez, Mercedes Marcó del Pont, Juliana Di Tullio y Juliana Marino ocupan el medio de la bancada (centro). La oposición más dura a superpoderes: Jorge Sarghini y Camaño y Federico Pinedo y Jorge Vanossi (abajo).
La votación de los superpoderes para Néstor Kirchner -en la persona de Alberto Fernández, claro- representa, como toda encrucijada parlamentaria de magnitud, una buena aproximación a los alineamientos que se configuran hoy en la política nacional. Tal vez la primera evidencia es que la oposición se muestra más abroquelada que lo que podían suponer los gerentes políticos del oficialismo cuando se formó el nuevo Congreso, en diciembre del año pasado. Sobre todo este miércoles, ya que los radicales que están por dejarse cooptar por el gobierno postergaron esa entrega. La Casa Rosada habrá tomado nota de que, más allá de avasallar a esos diputados, es poco lo que puede esperar de las bancadas opositoras para lo que queda del mandato. Esa homogeneidad es, por decirlo de algún modo, física. No discursiva. En la Cámara no hubo una coordinación en los planteos y hasta resultó llamativo el silencio de Elisa Carrió en una materia que, como este avance del Ejecutivo sobre facultades parlamentarias, parece hecho a su medida (casi como el clásico de Mozart).

Que la UCR adherente a la Casa Rosada haya decidido, aun así, postergar su servicio legislativo, ofrece además un par de lecturas interesantes desde el punto de vista electoral. Salvo en el caso de un catamarqueño y de un correntino, los demás radicales K prefirieron ausentarse del recinto. Tiene toda la lógica, ya que los superpoderes que reclamaron Kirchner y Fernández están destinados, entre otras cosas, a facilitar la negociación del gobierno con la UCR oficialista. Más allá de las brumosas coincidencias ideológicas que gobernadores e intendentes del radicalismo manifiestan con Kirchner, no se puede ocultar que el principal pegamento de esa alianza es presupuestario. Es decir, el poder central negociará la integración de extrapartidarios en las listas de 2007 a cambio de obra pública. Si el jefe de Gabinete estuviera atado al diseño de recursos y gastos que habitualmente fija el Congreso, esa transacción se volvería engorrosa. Puentes, kilómetros de ruta, engranzados, tendidos de agua, trenes balas y diques deberían figurar en el Presupuesto que Felisa Miceli está elaborando para enviar al palacio legislativo el mes próximo.

  • Ecuación

  • Nadie imagina al Presidente pagando antes de recibir la mercadería, por decirlo de alguna manera. En otras palabras, la ecuación «tomá el vale, dame la pizza», que domina la «concertación» que se planifica desde Olivos, obliga a que las obras que se darán en compensación por los votos se comprometan recién para el año próximo. Sólo dotando al Presupuesto de una gran plasticidad se puede llevar adelante la negociación. Por lo tanto, así como el año pasado la mayor cantidad de transferencias de partidas de un destino a otro se verificó en los meses de la más intensa campaña electoral, los superpoderes que se le concedieron a Fernández serán aprovechados en el momento en que se cierren las listas de 2007. Encantos de la nueva política.

    El otro mensaje que entrañó la sesión que terminó en la madrugada de ayer tiene que ver con las relaciones internas del peronismo. Gracias a la ausencia de los radicales K, el servicio que le prestaron a la Casa Rosada los ex duhaldistas de la provincia de Buenos Aires se hizo más notorio. Esos diputados, que acompañaron a Chiche Duhalde en la oferta electoral del año pasado, vienen haciendo una exhibición de ascetismo político muy notoria. Votan las leyes del gobierno pero deben seguir desempeñando, a pedido, el desagradable rol de arcaicos ejemplares de la «corporación política» (por usar el léxico de Cristina Kirchner), indignos de ser admitidos en el bloque parlamentario del gobierno.

    Mortificación que se les inflige para que se mantenga la ficción por la cual los Kirchner representan alguna renovación de la actividad. El truco representa en el campo político algo parecido al que le propusieron a Franco Macri en el empresarial, hace dos años: «Necesitamos que vos, que para la gente sos los '90, sufras en público. Lo que perdés en el Correo te lo daremos en otro lado» le explicó un famoso funcionario, por entonces ignoto, antes de presentarle a Julio De Vido. A los ex duhaldistas se les pide algo parecido: Kirchner necesita que sigan haciendo de duhaldistas.

  • Deuda

    El prodigio es importante: el santacruceño alcanzó lo que se creía imposible, es decir, que tiburones como Oscar Rodríguez y Mabel Müller, José María Díaz Bancalari, Luis Barrionuevo, Hugo Toledo, Alfredo Atanasof o Carlos Ruckauf den su voto sin recibir nada a cambio, más que inciertas garantías de que no habrá operaciones en su contra.

    Sin embargo, los números del miércoles han demostrado que la deuda de Kirchner con estos parientes a los que el oficialismo se niega a presentar es superior a la prevista. Sin los 17 ex duhaldistas que acompañaron al gobierno, es difícil que Fernández consiguiera sus facultades extraordinarias. ¿Habrá habido algún llamado de agradecimiento? Importa poco, ya que esta rara especie de oficialistas («kirchneroides» bonaerenses se los podría llamar) no quiere que les paguen con cariño. Para ellos «la pizza» tiene nombre: es la candidatura de Díaz Bancalari para la gobernación bonaerense. Una pretensión añeja del jefe del bloque pero que se alimentó de manera feroz con la última noticia que llega desde Olivos: hace dos sábados Kirchner le comunicó a Aníbal Fernández, en medio de una discusión bastante áspera sobre la política de seguridad, que no sería el sucesor de Felipe Solá. El ministro del Interior, como es su costumbre, acababa de apostar en sentido contrario, sin consultar a quien ahora figura como dueño del bingo, el Presidente (estas metáforas lúdicas son de baja calidad pero los bonaerenses las entienden con un simple golpe de vista).

    Díaz Bancalari es un viejo benefactor y socio político de este otro Fernández y, por lo tanto, puede sentirse con derecho a tomar la posta de su carrera hacia La Plata (ciudad). Por eso él y sus amigos hicieron ver que el apoyo que le dieron al proyecto del gobierno, ayer por la madrugada, fue estratégico, vital. Acaso no llegaron a percibir que la naturaleza misma de la ley que votaban reducía vertiginosamente el valor de lo que ofrecen.

    Porque con estos superpoderes y con el nuevo régimen de convalidación de los decretos de necesidad y urgencia, Kirchner no sólo podrá prescindir de ese bloque sino de todo el Congreso. Una pena, dieron el vale sin asegurarse la pizza.
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