8 de julio 2005 - 00:00

Los tres "no" al Presidente

León Arslanian
León Arslanian
No fue fácil para Néstor Kirchner encontrar un compañero para que complete la boleta de candidatos a senadores nacionales que encabeza su esposa, Cristina Fernández. Antes del «sí» de José Pampuro -que hacía tiempo se postulaba para ocupar el sidecar de la primera dama-, el Presidente tropezó con tres negativas.

En la última semana, Kirchner ensayó un puñado de fórmulas para la marquesina del Senado. El primer fracaso fue con Estela De Carlotto: esa aventura se estrelló, pronto, con la realidad. La titular de Abuelas de Plaza de Mayo fue tentada infinidad de ocasiones para ser candidata. Siempre agradece entre sonrisas y rechaza la oferta.

¿Por qué Kirchner creyó que a él le aceptaría? Misterios del diván presidencial.

Otro que gambeteó el dulce que la Casa Rosada le puso delante fue León Arslanian. Este diario informó el martes que el jurista había sido tentado por Kirchner, pero que prefirió seguir como ministro de Solá. Es un buen ejercicio tratar de desentrañar por qué Arslanian prefirió seguir lidiando con criminales policías en vez de secundara Cristina. No habrá sido, seguramente, el vínculo personal y profesional que por años lo unió a Eduardo Duhalde.Arslanian es un librepensador -con CUIT, es cierto-, pero su ligazones pasadas no lo atormentan ni lo condicionan. Eso confesó, al menos.

Es todo mucho más lineal: Arslanian acaricia la ilusión de llegar a la Corte Suprema, a uno de los dos despachos que desocuparán Antonio Boggiano y Augusto Belluscio. Tras el no a escoltar a Cristina, ¿Kirchner estará igualmente dispuesto a postularlo para ocupar alguna de esas dos vacantes cercanas?

El tercer «no» con que se atragantó Kirchner fue de Daniel Katz, el intendente radical de Mar del Plata. Katz es un ex storanista que tiene más visitas a la Casa Rosada que muchos alcaldes peronistas. Cada vez que pasa por allí, obvio, se lleva una carretilla de « beneficios».

El marplatense está -por ahora- en la «chequera blanca», de acuerdo con la categoría metálica que usa el PJ para medir la cercanía de los intendentes a la Casa Rosada. Otros están en la «gris», y los poco más de 20 que permanecen leales a
Eduardo Duhalde -más algunos radicales- están en la «chequera negra».

• Aspiración

A Katz, Kirchner lo quiso como dos de Cristina, pero el marplatense se escabulló con argumentos que el gobierno consideró «precarios». Se amparó en que no quería traicionar a sus votantes dejando antes de tiempo el municipio, gesto por la continuidad institucional que al Presidente le sonó a excusa.

Katz, en rigor, sueña con quedarse algún día con la UCR y, desde allí, trepar a la gobernación. No es como Helios Eseverri, de Olavarría -su hijo, José, será candidato por la Séptima Sección-, que adhiere a la teoría de Torcuato Di Tella sobre la desaparición de los partidos políticos para dar lugar a bloques ideológicos.

Una rareza -más allá del beneficio electoral- que
Eseverri, que ganó fama prohibiendo tocar a Los Redonditos de Ricota en su ciudad, se pliegue al « progresismo» kirchneriano. Al intendente se le atribuye una frase: «Nos juntamos, después vemos si somos la izquierda de la derecha o la derecha de la izquierda».

Al final, Eseverri dijo «sí» y Katz «no» a pesar de que prometió repartir boletas de Cristina junto con la de la UCR a nivel local.

Al margen,
Kirchner debería revisar las formas o el contenido de sus ofrecimientos. Los tres «no» de Buenos Aires recuerdan -aunque son menos trágicos- a lo ocurrido en Santa Fe, donde Hermes Binner no pudo convencer a María Eugenia Bielsa ni a Horacio Rosatti para que fueran candidatos.

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