El obispo Juan Carlos Maccarone renunció a su cargo al trascender el contenido comprometedor de un video tomado por un joven por venganza. Intervinieron el gobierno y el Vaticano en un intento de cerrar la crisis por el grave escándalo.
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Lo cierto es que, cuando el padre Jorge Fernando Ramírez, secretario general y canciller del obispado de Santiago, terminó de ver el material en el que aparecieron registradas escenas de alcoba de Maccarone, le comunicó a su jefe la mala noticia y se puso en marcha el trámite de renuncia ante la Nunciatura Apostólica.
La filmación a la que asistió el padre Ramírez y que fue enviada a Roma desde las oficinas del nuncio Adriano Bernardini, consta de tres capítulos. En el primero, una voz en off entrevista al joven Alfredo Serrano («Fredo», para el obispo), quien detalla las relaciones que mantenía con el obispo desde hacía dos años y medio.
Mientras se desarrolla el relato, un monitor ubicado al lado de Serrano reproduce esas escenas. El joven confiesa haber filmado clandestinamente un encuentro con Maccarone. Dice que adquirió en Buenos Aires la cámara para hacerlo. Que lo hizo con ahorros, venta de bienes y ayuda de un hermano. Que el motivo fue la venganza -no el dinero, no la presión de alguien, aclara- por las sucesivas oportunidades en que Maccarone le había prometido conseguirle un trabajo, sin cumplir.
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