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14 de septiembre 2004 - 00:00

Macri explicó ayer el porqué de su visita a Duhalde

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Mauricio Macri


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La fórmula Macri en Capital y López Murphy en la provincia, en cambio, puede ser una estrategia electoral con postulados políticos similares. La impresión que va surgiendo es que también el centroderecha tiene el síndrome de la política argentina: todos quieren ser primera figura y que el otro se pliegue a él. Les pasa también a la izquierda desde hace años y al peronismo.

Pero si no hay alianzas en una elección legislativa -donde pueden sumar más y luego, en el peor de los casos, tener su grupo separado en el Congreso-, menos se las podrá esperar para los comicios presidenciales de 2007. José María Aznar, en su libro sobre sus 8 años de gobierno, dice que el centroderecha español logró en 1996 llegar a presidir España y desplazar 14 años de gobierno socialista el día en que logró reunir todas las fuerzas y políticos afines, «sin dejar afuera absolutamente a ninguno».

Eso parece difícil para el modo de ser argentino. No se perfila un solo dirigente de centroderecha que encolumne a todos. O sea no hay un Aznar que se torne indiscutible para el resto. Los agrupamientos de fuerzas como quiere Macri, sin bases ideológicas comunes, están destinados, como mera fórmula electoral, al resultado que tuvo el ala derecha del radicalismo con el Frepaso, en su «alianza» para el Poder Ejecutivo que terminó alejando primero a Chacho Alvarez y después haciendo renunciar a De la Rúa ante un golpe civil bonaerense. Era un acuerdo inviable. Macri en esto no adopta, por ahora, la idea de que, al haber llegado por primera vez la izquierda al poder (hubo otro arribo, efímero, de meses, en 1973 con Héctor J. Cámpora), se está marcando un camino por el cual, como alternativa, se abre la posibilidad de que gane una elección un centroderecha auténtico y no vía «alianzas», a la larga insustentables, ni vía imprevistos como fue el mismo Carlos Menem.


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