Mauricio Macri adelantó esta semana su lanzamiento a la política nacional. La táctica puede tener varias derivaciones: por un lado, lo posiciona como contradictor de Néstor Kirchner, desde el centroderecha y parte del peronismo no santacruceño. Por el otro, le permite potenciar su eventual candidatura a diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires en 2005.
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Esa banca, que descuenta ganará con holgura, le permitirá armar un bloque más numeroso que el actual, un cuarteto dividido entre el PJ y los provinciales. Sería, además, el trámite previo al intento de conquista de la Jefatura de Gobierno porteña o bien la búsqueda del cetro mayor, la presidencia de la Nación, todo en 2007.
Sin dejar la Capital Federal, se supone que Macri aumentará en 2004 sus recorridos por el interior, sin descuidar el armado de centros de campaña. No tendrá necesidad de apelar a demasiadas excusas: podrá caminar el país con el escudo de Boca Juniors, ya que acaba de ser reelecto en la conducción del club de la Ribera. También podría contar con aliados de agrupaciones provinciales que observan con simpatía sus movimientos, por caso el PDP, que supo ser fuerte en Santa Fe.
No habría que descartar otra variante para la renovación parlamentaria de 2005. Varios macristas intentan convencer a su líder de que haga pie en Buenos Aires y dispute una senaduría. Por ahora, el proyecto está en el congelador, aun cuando el fundador de Compromiso para el Cambio nació en Tandil y tiene residencia en la provincia. En ese sentido, se hace notar que, en los últimos tiempos, afianzó sus vínculos con Eduardo Duhalde. En ese contexto se inscriben sus declaraciones acusando a Kirchner de «mirar hacia el pasado» que salió a retrucar el ministro del Interior (ver nota aparte). Curiosamente, Macri adelantó la nacionalización de su discurso con una entrevista desde Punta del Este.
Habrá que ver cómo funciona la relación con Ricardo López Murphy, hasta ahora único referente del centroderecha instalado en todo el país (al menos, desde el punto de vista electoral). Ya hay buena sintonía entre ambos, aunque Macri cuenta con el aval de un sector importante del PJ que, en muchos casos, critica al kirchnerismo sólo a puertas cerradas.
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