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21 de enero 2003 - 00:00

Mal debut para Kirchner: Chiche ya le dijo que no

Si la candidatura presidencial de Néstor Kirchner pareció desde su lanzamiento una aventura azarosa, los Duhalde ayer terminaron por darle ese cariz. Chiche, la primera dama, hizo saber a través del vocero presidencial que no acompañará al patagónico en la fórmula. Para el resto del PJ, provincial y nacional, que observa con inquietud el grado de compromiso de la pareja gobernante con Kirchner, fue una señal de malos augurios. Para peor, Daniel Scioli -que venía de pasar el fin de semana con los Duhalde-también relativizó sus ganas de acompañar a Kirchner. "Tengo más vocación por la Ciudad de Buenos Aires", dijo. Estos gestos, que se esperaban por lo menos para más adelante, debilitan al candidato. Ayer, como si fuera un espejo que adelanta, José Manuel de la Sota confirmó que desistirá de seguir en campaña. A él también lo lanzaron desde el duhaldismo, pero su carrera tuvo la fugacidad de una luz de bengala.

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Los argumentos del gobierno son irreprochables. Chiche está abocada por completo a la acción social y no quiere dar lugar a una mala interpretación, es decir, que se piense que lo suyo es campaña electoral. Sin embargo en la interna peronista los viejos lobos leyeron otro signo: Duhalde decidió no jugar su apellido en la aventura de Kirchner. Por eso muchos caudillejos del conurbano, igual que varios dirigentes del interior, se basarán en esta abstención de la primera dama para excusar su emancipación de «Lupín»: «Si Duhalde, que lo eligió, no quiso jugar a fondo, ¿qué nos van a pedir a nosotros, que ni lo conocemos?», explicó uno de ellos mientras pedía reserva sobre su nombre.



La defección de Chiche Duhalde no fue la única que se produjo ayer. También Daniel Scioli, el otro candidato expectable para acompañar al patagónico, insinuó que no lo secundará. Dijo que su verdadera vocación está en la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ya durante el fin de semana, entre una y otra movida en la larga partida de ajedrez que los enfrentó, Scioli le comentó al Presidente: «Me gustaría participar si es que sumo para un proyecto de futuro; si se trata de hacer campaña en contra de alguien, prefiero quedarme en casa». Duhalde admitió el planteo y dijo coincidir.

No hace una semana desde que el candidato santacruceño fue lanzado al ruedo en la quinta de San Vicente. A nadie se le oculta que el PJ bonaerense corcoveó con la montura patagónica que le impuso Duhalde. Sin embargo hubo un acuerdo tácito: esperar por lo menos 15 días para ponderar si Kirchner mejoraba su performance en las encuestas. Nadie le concedió ese margen. Ni la esposa del Presidente.

Aun así ayer seguía abierta una puja de postulaciones para acompañar a Kirchner. Duhalde está interesado en medir a Alfredo Atanasof, su jefe de Gabinete, voz oficial del gobierno y en disposición de un capital electoral tan interesante como el que provee el gremio de empleados municipales de toda la provincia. Atanasof no abre la boca sobre el tema y sigue la estrategia de Chiche: «No puedo hablar de elecciones, estoy trabajando».





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